jueves, 26 de noviembre de 2015

Qué piensa el budismo de...
Del vegetarianismo.
Hay varios tipos de vegetarianismos: existe el vegetarianismo ritual como el que practican en el Hinduismo y se basa en la idea de que algunos animales son encarnaciones de dioses y por eso hay que respetar la vida de, por ejemplo, las vacas.  Existe también la práctica de vegetarianismo en el Jainismo en el cual se piensa que interferir con la vida de cualquier ser vivo de ninguna forma para no crear mal karma (incluso organismos como las bacterias en el agua, que es por eso que no la hierven en el Jainismo ortodoxo) o existe el vegetarianismo por salud que implica no comer carne por mantener saludable al cuerpo.
Los budistas, por el otro lado, cuando son vegetarianos lo hacen por congruencia al primer precepto ético que enseño el Buda: “no dañar la vida de otros seres” o dicho de forma positiva “con acciones de amor y bondad existo”.
 La industria de la carne es posiblemente una de las industrias que generan más sufrimiento en el mundo. Cientos de millones de animales son sacrificados cada semana para el consumo humano. Esta producción depende de la demanda que individuos hagan; si menos personas comieran carne menos demanda existiría y, menos animales se sacrificarían.
El Buda no era vegetariano, sin embargo no comía carne que hubiera sido sacrificada para su consumo de forma directa o indirecta.
¿Qué haría el Buda en esta época moderna si viera la forma despersonalizada con la que se produce la carne? Que ya no depende de una demanda directa sino que, dispuesta a satisfacer los hábitos carnívoros de poblaciones enteras, simplemente sacrifica animales de forma industrial.
¿Realmente el buda sabiendo el efecto de sus acciones podría ir a, digamos Wall Mart y poner en su carrito de compras chuletas de cerdo, pollo congelado, o alguna sopa de mariscos? 
Por el otro lado podríamos imaginar a algún discípulo histórico del Buda inconsciente de la manera en que repercute ordenar, digamos, una hamburguesa en la cadena de restaurantes McDonald’s en la producción masiva de sus productos y del sufrimiento a los animales (Sin hablar del efecto en el medio ambiente y las jornadas de trabajo que impone a sus empleados).
Los budistas contemporáneos tenemos que hacer nuestras propias decisiones y preguntarnos cuál es la forma más congruente de aplicar el principio de la no violencia y el precepto de no dañar seres vivos. El vegetarianismo es una cuestión viva para cualquiera que trata de practicar la meditación y el budismo y la excusa de que el Dalai Lama no es vegetariano ya no es suficiente porque el ya es vegetariano.
Qué piensa el budismo de...
La religión
El significado de la palabra religión ha variado en los últimos años. Antes, en los diccionarios se definía como un culto a un Dios o dioses, que le daban los propios seguidores a sus deidades. Otras veces siguiendo más la etimología de la palabra se definía como la práctica que siguen personas para ligarse o religarse a la Deidad o creador.
Definida la religión de esta forma el budismo no es una religión. Esto es porque el Budismo no siendo Teísta (es decir que no tiene una noción de un Dios creador o personal) no se podría definir como tal.
Pero si no es religión, ¿qué es?
¿Será una filosofía de vida o una forma de código ético?
La mejor forma de definir al budismo es como un camino, de esta forma lo describía el Buda budadharma que significa camino a la iluminación.
En este sentido se podría decir que el Budismo es una práctica integral de vida que lleva, a través de una práctica sistemática a un estado de comprensión sensibilidad y libertad.
Creo que cuando hablamos de que si el budismo es una religión lo primero que hay que hacer es ampliar nuestra idea de lo que incluye religión y aclarar que una convicción espiritual no involucra fe ciega, ni dogma ni tampoco una noción de un dios creador.
¿Cómo podríamos definir todo esto en una palabra?

jueves, 30 de julio de 2015

BUDISMO ATENCIÓN 
Y DINERO

la ética del cristianismo protestante y en la filosofía de grupos de la Nueva Era o esotéricos modernos.

El dinero es el gran invento de la humanidad. 
¿Te sorprende encontrar un enunciado tan burdamente material en un sitio que habla sobre espiritualidad? No habría por qué. El dinero es un invento casi mágico. Busca en tu cartera o tu bolsa y ve si traes algunos papeles. Uno de esos pedazos de papel, quizá una vieja lista de lo que hay que comprar, ahora te servirá, si acaso, para tratar de animar el fuego de un asador que no quiere encender. Pero otro papel, aunque igual de arrugado, te da para comprar otro asador igual. 





Pedazos de papel, signos impresos en hojas, conchas, sal e ilusiones compartidas
En la actualidad utilizamos como dinero pedazos de papel o, incluso algo todavía más misterioso, pequeños estallidos electónicos que de algún modo aparecen como números en una cuenta bancaria. Antes, en Norteamérica, la gente utilizaba conchas. En la India usaban conchas de cauri. Los soldados romanos usaban sal. Los prisioneros le dan a los cigarros un valor monetario. ¿Qué tienen en común todas esas especies de moneda? Que las puedes traer contigo o dárselas a alguien. No son prontamente perecederas y una pieza de ellas se parece mucho a otra de la misma clase. Sin embargo, el factor común más importante es que las sociedades decidieron creer que esas cosas tenían un valor (aunque por sí mismas tuvieran muy poco o ninguno). Es un extraordinario y beneficioso acto de la imaginación; una ilusión compartida que apuntala al mundo civilizado.

Del trueque al dinero
¿Cómo sería la vida si tú y tu familia tuvieran que producir todo lo que requieren? Cultivar sus alimentos, construir su casa, cortar la leña, confeccionar sus vestidos y girar la rueca; escribir sus propios libros para leer y, antes, hacer el papel. Puede sonar romántico y puro, incluso espiritual, pero no se sentiría así por mucho tiempo. Pasarías cada momento del día trabajando, sudando y padeciendo, todo para irla llevando. Fue así como aprendimos, hace varios milenios, que nos necesitábamos mutuamente, aunque sólo fuera para obtener un rato de ocio y hacer algo más que sobrevivir. Empezamos a dividirnos las tareas y a practicar el trueque. Si a mí me sobraba pan y tú tenías combustible de más podíamos hacer un intercambio, aunque sólo si nos hallábamos en el mismo sitio y en el mismo momento. Quizá alguien se preguntó: "No sería maravilloso cambiar estas cosas sin tener que buscar a quién le sirven justamente aquí y ahora" y como toda una cultura anhelaba lo mismo coincidieron en imaginar que algo que no tuviera un valor intrínseco, por ejemplo, una concha de cauri (o un billete de un dólar) podría representar al combustible, al pan o al software de la computadora que unos tenían y otros necesitaban.

Un triunfo de la mente sobre la materia
Eso es el dinero, un triunfo de la mente sobre el mundo material. Sin embargo, como muchos instrumentos poderosos, el dinero es una espada de doble filo, que nos puede aportar las maravillas más complejas pero también mucho sufrimiento. Debemos entenderlo con claridad; independientemente de que se use bien o mal, el dinero puede ser la base de todo lo que nos libera de tener que luchar por sobrevivir. Sin dinero no hay civilización y ¿si no hay civilización donde habría espiritualidad?

Relativamente bien
Hoy, gracias al dinero y a lo que éste hace posible, la mayoría de nosotros lleva una vida de "lujos" que está más allá de lo que soñaban los príncipes medievales. Quizá no vivamos en castillos, pero nuestros hogares tienen muchas más comodidades. Ahora podemos volar a países distantes, llegar en automóvil en sólo unas cuantas horas a lugares que se encuentran a kilómetros de distancia y llamar a amigos que viven en sitios lejanos nada más para platicar. El entretenimiento está a sólo un chasquido de dedos y no parece tener límites. Si sientes que eres pobre piensa en todo lo que tienes y que otras generaciones ni siquiera imaginaron.

Nuestra forma de relacionarnos con el dinero. Puede dar ocasión a Dukkha
La manera en que una persona se relaciona con el dinero, el modo en que lo gana y lo gasta, requiere de más tiempo y energía que cualquier otra actividad. Es la relación más considerable que tenemos. Es posible que te sientas un poco inquieto debido a tus hábitos consumistas o que recuerdes las cosas buenas que ya no disfrutas porque la necesidad de ganar dinero no te deja tiempo suficiente. Puede suceder que la forma en que obtienes el dinero te tenga insatisfecho y que la idea de un futuro en la pobreza te duela y te paralice. Eso es sufrimiento. Es un tipo de sorda inquietud que hace que a muchas personas les resulte difícil elevarse hasta su verdadero potencial.

Lo que enseña el budismo acerca del dinero

La primera enseñanza del Buda se refería al sufrimiento o dukkha. El budismo nos muestra diversas formas de existir que nos ayudan a cortar las raíces del dolor y el miedo, para que podamos vivir de verdad. Los primeros monjes que siguieron al Buda eran personas que no tenían hogar. Vestían ropajes hechos de remiendos y vivían de las sobras de comida que pudieran proporcionarles los vecinos de la localidad. Los monjes no tenían permitido tocar dinero. Tenemos aquí una solución budista radical para el dolor y el miedo que se derivan de gastar y ganar dinero: simplemente no lo hagas.

Para aquellos hombres y mujeres tan curtidos el modo de vida ideal era y sigue siendo subsistir contentos "con los mantos suficientes para proteger al cuerpo y con la comida que les dieran como limosna para sus necesidades corporales, tomando sólo eso, como el ave que vuela sin cargar más que sus alas" (Anguttara Nikaya II, 209). Sin embargo, no es ésta la única solución budista. El Buda tenía muchos discípulos que no llevaban un estilo de vida monástico. Entre sus seguidores había reyes. Estaba también Anathapindika, un banquero. Los laicos sustentaban a los monjes, pero eso no significaba que eso fuera lo único que podían hacer. Las enseñanzas del Buda tenían el propósito de transformar la vida de cualquiera, sin importar cuál fuera su estilo de vida. De hecho, el Buda nunca condenó la riqueza. Él contemplaba con ecuanimidad lo que el mundo le presentaba y juzgaba con total objetividad lo que había detrás de todo ello.

Las riquezas de un avaro

Desde un punto de vista budista, la grave miseria en que se ha desenvuelto la vida en las viejas economías socialistas de Rusia y Europa Oriental o los horripilantes experimentos como el de Pol Pot, que trató de abolir el dinero en Camboya, surgen a partir de una tremenda falta de inteligencia objetiva. Deshazte del dinero y desmantelarás toda la compleja cadena de la interdependencia humana. Para el Buda lo importante era cómo obtenías el dinero y lo que hacías con él. ¿Empleas su energía para ser feliz o para que el mundo sea un lugar mejor? "Un avaro no usa el dinero para su propio placer ni el de sus padres, su esposa o sus hijos, tampoco para el de sus esclavos, sus artesanos ni sus sirvientes, ni de sus amigos y colegas", dijo el Buda. "Su riqueza, al no ser correctamente empleada, es confiscada por los reyes, hurtada por los ladrones, quemada o arrebatada por la inundación. O va a parar a unos herederos por los que no siente ningún afecto. Sus riquezas, al no ser bien utilizadas, se desperdician y no proporcionan gozo". Luego añade: "Es como un lago de agua clara, cristalina, fresca y deliciosa, bello, rodeado de buenas tierras pero oculto en una región salvaje. Nadie bebe de él ni se baña ahí. Nadie lo aprovecha. Así son las riquezas de un avaro".

La riqueza del generoso
Pero si una persona generosa adquiere riqueza, el Buda dijo que "es como el lago que antes mencioné, pero ahora se halla cerca de una aldea, donde la gente puede tomar su agua para beberla, se puede bañar en él y usarlo con muchos fines. Sus riquezas proporcionan gozo y no se desperdician" (Samyutta Nikaya i, 88). El Buda dijo que la fortuna bien empleada debía de otorgar placer, principalmente a su dueño y a la familia de éste. Enseguida vendrían los amigos y otras personas cercanas. Además, el tener riquezas significa que uno se puede recuperar cuando las cosas no van bien.

La enseñanza del Buda aplicada al Occidente
Antes, en Oriente, uno era un miembro productivo o reproductivo de la sociedad o, bien, se ordenaba como monje. No había muchas opciones entre esas dos. Sin embargo, ese espacio intermedio se ha ampliado mucho. Los budistas occidentales experimentan hoy nuevas formas de trabajar y de consumir.

Dinero, ego y sufrimiento
¿Has sentido alguna vez que si tan sólo consiguieras determinada cosa tu vida estaría completa? Pues esa sensación de que en nuestra existencia falta algo muy grande pero indefinible es parte esencial de la experiencia humana básica. Hacemos todo lo que podemos para llenar ese vacío. Abusamos del alcohol y de otras drogas. Muchos hemos anhelado que una persona amada o una vocación llene ese hueco y nos dé satisfacción. A veces evadimos esa sensación de estar incompletos al mantenernos ocupados. En este aspecto, el budismo tiene algo que decir: El dinero no hará que tu vida sea completa. Lo cierto es que nada hará que tu vida sea completa. Ninguna posesión, ningún trabajo. Tampoco la familia, la vocación, la persona amada, las drogas, la religión. Nada , ni siquiera el budismo. Así es la vida. El sufrimiento ocurre porque insistimos en nadar contra la corriente. ¿Por qué lo hacemos? Ante todo, dijo el Buda, "porque anhelamos ser". "Ésta es la noble verdad del origen del sufrimiento. Anhelamos la satisfacción de nuestros deseos obsesivos, anhelamos ser, anhelamos no ser" (Vinaya Mahavagga Khandaka i.).

Tres dimensiones en que nos confunde la importancia personal
Muchas escuelas budistas enseñan que debemos combatir la engañosa ilusión de la importancia del ego si queremos vivir mejor. Hay tres dimensiones que considerar en ese sentido.

Soy como soy
La primera es la suposición de que tenemos una personalidad permanente. Todos cambiamos a cada rato. Lo que considero "yo" es un patrón temporal y esto no es muy halagüeño ni atractivo. De modo que aun cuando podamos apreciar que las cosas no son permanentes nos da por comportarnos como si lo fueran. Nos esforzamos por impedir que haya cambios. Usamos el dinero para acumular posesiones y rodearnos de una sensación de permanencia y seguridad.

No somos tan independientes ni tan sólidos
La segunda dimensión que nos confunde es la creencia de que somos seres independientes. Queremos actuar a nuestra manera para, así, aliviar el sentido de carencia y no nos preocupamos por lo que le ocurra a los demás. No obstante, la realidad es que nuestras vidas están entretejidas.

Tratamos de solucionar el problema esencial con dinero
En tercer lugar, las escuelas budistas señalan que es necesario desvanecer nuestra idea de que somos sustanciales. Cada vez que conocemos a alguien nuevo vemos que desean saber quiénes somos. Por lo regular tenemos ya una historia bien construida para presentarnos. El dinero aflorará y modelará gran parte de nuestra identidad, ya que pasamos mucho tiempo ganándolo y gastándolo. Se ve en la ropa que traemos, el lugar donde vivimos, el auto que manejamos. Lo cierto es que no hay límites para lo que somos, todo un flujo interminable de procesos cambiantes que no se pueden limitar a una identidad en particular. Sin embargo, intentamos compensar nuestro sentido de que estamos incompletos manteniendo la fantasía de que podemos ser, con una personalidad permanente, independiente y sustancial. Utilizamos nuestra energía (y eso incluye al dinero) para llevarlo a cabo.

Una feliz alternativa en el ejemplo de un bodhisatva
La buena noticia es que podemos aprender a vivir de un modo que nos ayude a estar menos ofuscados y a ser menos reactivos. Podemos, en cambio, cultivar un estilo más sabio y creativo, rumbo a la abundancia. Las escrituras del mahayana contemplan el ideal del bodhisatva, que es un practicante espiritual muy avanzado que se entrega por completo al beneficio de los demás. En esas escrituras destaca la leyenda de Vimalakirti, un bodhisatva extremadamente rico. Él iba a los torneos deportivos y a los casinos pero su finalidad era contribuir al desarrollo de aquellos que manifestaban un descuidado apego al juego. Participaba en toda clase de negocios pero no le preocupaba tener ganancias ni adquirir posesiones. Los empresarios lo respetaban porque estaba consagrado a difundir la verdad y los terratenientes lo admiraban porque renunciaba a cometer cualquier agresión vinculada a la propiedad (vea Robert Thurman, The Holy Teaching of Vimalakirti [University Park y Londres: Pennsylvania State University Press, 1983).

Que el dinero fluya con sabiduría

Puede ser que la historia de Vimalakirti nos parezca fuera de nuestros alcances, con el trabajo que nos cuesta estar aquí y ahora sin reaccionar. Por fortuna, dentro de cada uno existe la chispa que enciende la conciencia creativa. Si desarrollamos tales cualidades comenzaremos a cambiar nuestra actitud hacia el dinero, de manera que se vuelva un medio que procure un rumbo positivo para nosotros y quienes nos rodean, en lugar de ser una fuente de sufrimientos. Aprenderemos a utilizarlo y a no dejar que él nos utilice. Las diversas prácticas que tomamos de la tradición budista nos permiten disfrutar mejor de la manera en que lo gastamos, mientras lo hacemos con más sabiduría. Tendremos más claro cuáles son nuestros propósitos al trabajar para conseguirlo y al dejarlo fluir.






Este articulo de atención consciente y el dinero es una reflexión que intenta guiar al buen uso del dinero y su relación a la búsqueda espiritual budista de las personas en sociedades relativamente afluentes.
No es una exhortación ni justificación a la búsqueda de dinero y bienes materiales como medios, o fines espiritual, que es tan común dentro de



LAS ESCRITURAS BUDISTAS

El Tripitaka
Los budistas tienen lo que se conoce como Tripitaka. Tri quiere decir tres; pitaka significa cesta, conjunto o colección. El Tripitaka significa por lo tanto, “las tres cestas” o las "tres colecciones" de textos sagrados budistas.

El nombre cesta se refiere a la forma en que fueron pasadas las enseñanzas del Buda a sus discípulos y de sus discípulos a otros. Esta transmisión fue primeramente oral y luego literaria. Las "tres cestas" de textos budistas son las siguientes: 
El Vinaya Pitaka o "colección de disciplina monástica".
En su forma actual consiste principalmente en reglas que gobiernan la orden monástica.


El Sutra Pitaka o "colección de discursos, diálogos del Buda".
En general consiste de diálogos del Buda con temas de práctica, temas morales, temas filosóficos y anécdotas con moralejas espirituales. Ésta es la colección más importante.

El Abhidharma Pitaka o "colección de la doctrina más elevada".
Se trata de una disposición sistemática y un análisis escolástico del material encontrado en el Sutra Pitaka.

Las tres ediciones principales del Tripitaka en el mundo del budismo
En la actualidad existen en el mundo del budismo tres ediciones principales del Tripitaka:

En primer lugar está el San Tang chino de los "Tres Tesoros": que es la forma en que se refiere al Tripitaka. Que consiste en cincuenta y cinco volúmenes.

En segundo lugar está el Kanjur tibetano: que consiste en cien o ciento ocho tomos.
Estas dos ediciones están principalmente compuestas por traducciones del Tripitaka sánscrito, habiéndose perdido muchos de los textos originales en las lenguas que fueron escritos.

En tercer lugar está el Tripitaka en el idioma Pali: que consiste en cuarenta y cinco tomos en la edición Real tailandesa; ésta es la única versión completa del canon que ha sobrevivido en la lengua en que originalmente se compiló.

Diferencias entre las diferentes ediciones del Tripitaka
Las tres ediciones del Tripitaka tienen gran cantidad de material en común. La mayor diferencia estriba en que, mientras las ediciones china y tibetana incluyen a los Sutras Mahayana (que son los diálogos del Buda del budismo tardío filosófico-devocional), la edición en Pali los omite.

La importancia del estudio de las escrituras
Donde quiera que se centre nuestro interés, ya sea en el budismo en general o bien en una u otra de sus formas especiales, seria muy difícil poder pasar por alto a las escrituras canónicas si deseamos conocer a fondo el budismo. En ellas aparecen descritas las experiencias Trascendentales del Buda y sus discípulos Iluminados. Sin una comprensión intelectual preliminar de estas descripciones no se contaría con los medios para conocer lo que el sendero Budista tiene como objetivo, incluyendo el objetivo del budismo Zen, y por consiguiente desconoceríamos cuales son los métodos para su consecución. Lo único que evitaría el estudio de las escrituras es el contacto personal y regular con un maestro Iluminado, el cual sería la encarnación misma de las escrituras. Un maestro así es difícil de encontrar incluso en Oriente. En la ausencia de un contacto personal de esta clase, las escrituras son indispensables.

martes, 9 de junio de 2015

LA MUERTE DE UN BUDA
La naturaleza de la muerte de un Buda 
El Buda no era una persona ordinaria, de modo que su "muerte" no fue común y corriente. En ocasiones, sus discípulos más cercanos se quedaban perplejos al tratar de entender cuál era su naturaleza.
Preguntaban: "¿Señor, después de la muerte, el Tathágata existe, no existe, ambos casos o ninguno?" y él siempre ofrecía la misma respuesta: "No resulta pertinente decir que un Buda existe después de la muerte. No es apropiado decir que un Buda no existe después de la muerte. Tampoco lo es decir que un Buda, tanto, existe (en un sentido) como no existe (en otro) después de la muerte. No es apropiado decir que un Buda ni existe ni no existe después de la muerte. Cualquier forma de explicar o describir la cuestión resulta inapropiada". 
El parinirvana.
En la tradición budista, generalmente se le denomina parinirvana, que es el estado que se dice que alcanzó el Buda. Nirvana significa iluminación. Pari quiere decir “suprema”. ¿Cuál es la diferencia entre el nirvana y el parinirvana? Cuando un Buda alcanza el nirvana se dice que es el "nirvana con residuo" porque todavía cuenta con un cuerpo físico. El parinirvana es conocido como el "nirvana sin residuo", porque ya no hay cuerpo. Es la única diferencia y ésta sólo afecta a otras personas, en especial a los discípulos no iluminados, pero el nirvana es exactamente el mismo en ambos casos.

Sus últimos esfuerzos físicos
Unos días antes de morir, cuando el Buda se encontraba cerca de Vaishali, sintió los agudos dolores de su enfermedad. Sin embargo, gracias a su esfuerzo, se recuperó lo suficiente para emprender su "gira de despedida". En esa ocasión se dirigió a Ananda y le dijo: "Mi viaje está alcanzando su final. Del mismo modo que una carreta vieja sigue rodando al ser sostenida por unas correas, este cuerpo sólo puede continuar andando si es sujetado por unas correas. No obstante, mi vigor mental y espiritual no han disminuido". Su cuerpo, como todas las cosas condicionadas, estaba sujeto a la decadencia, pero su mente había trascendido el nacimiento y la muerte. Tras dejar a sus discípulos en Vaishali se dedicó a visitar otros lugares para ofrecer unas últimas palabras de aliento. A pesar del dolor físico y de saber que su muerte estaba próxima continuaba ocupándose de los demás. Las escrituras resaltan que se mantenía consciente de lo que había alrededor. Pronunció algunos discursos y dio las instrucciones finales a la sangha. Cuando llegó a una aldea llamada Pava recibió su última comida, preparada por Chunda, un herrero de la localidad. Este alimento le ocasionó una disentería severa. Sin embargo, con la poca fuerza física que le quedaba, continuó su viaje hacia Kushinagar. En el camino se detuvo a descansar junto a un río y le pidió a Ananda que confortara a Cunda, pues él no era responsable de los efectos que su comida le había causado. ¡Lejos de expresar reproche alguno quería agradecerle que le hubiera proporcionado su última comida antes del parinirvana, ya que su acción era altamente meritoria!

Sus últimas palabras
Bajo un árbol, como cuando nació y cuando logró la iluminación, el Buda alcanzó el parinirvana. En los sitios donde ocurrieron estos eventos se han colocado altares y son lugares de peregrinación. El altar del parinirvana se encuentra en Kushinagar. El Buda decidió morir en el que Ananda describió como un “triste pueblo de casuchas”, pero no fue una casualidad. Allí, entre árboles de sala, la gente de la localidad había construido un canapé de piedra para que los ancianos de la aldea se sentaran. Fue en éste donde el Buda se recostó y explicó qué arreglos quería para su funeral. Mientras tanto, Ananda se sintió invadido por una gran tristeza y se alejó para llorar a solas. Sin embargo, el Buda lo llamó y le dijo: “Es suficiente, Ananda. No te pongas así. Tarde o temprano tenemos que desprendernos de todo lo que más queremos. Durante mucho tiempo y de manera desinteresada has mostrado un gran cariño por mí, a través de tus acciones, tus palabras y tus pensamientos. Mantén viva tu práctica y alcanzarás la liberación de todos los obstáculos”. Entonces, frente a todos los monjes, el Buda ensalzó las virtudes de Ananda. Luego habló de la disciplina monástica. Sus últimas palabras invitaban a aquellos monjes que tuvieran dudas sobre sus enseñanzas a que las expresaran en ese momento, ya que estaba todavía allí para resolverlas. No hubo más preguntas. Tras un silencio absoluto el Buda exclamó: “La decadencia es inherente a todo lo condicionado. ¡Con atención consciente, mantengan el esfuerzo!” Acto seguido, entró en un estado meditativo y murió.

a última escena
La escena final es de gran poder. Se le ilustra en un hermoso bosque, entre árboles de sala, altos y delgados, que sostienen, cada uno, una corona de hojas verdes y anchas, de entre las que sobresalen grandes flores blancas. Al Buda se le pinta recostado sobre su lado derecho, rodeado por sus discípulos. Sus seguidores más cercanos están sentados y llevan hábitos color azafrán. Cae una lluvia de flores. Asimismo, están presentes todo tipo de personas: brahmanes, príncipes, ministros, ascetas, adoradores del fuego, comerciantes, campesinos, mercaderes, además de muchas especies de animales: elefantes, cabras, venados, caballos, perros, ratones y pájaros, que se han reunido para despedirlo. En lo alto, dioses y diosas completan la escena. Las representaciones artísticas de este episodio dejan entrever un evento de significación universal, presenciado por todos los seres.

El estado de ánimo general es de tristeza. Hasta los animales están llorando. Los únicos que no lloran son algunos discípulos, sentados muy cerca del Buda y un gato. Los discípulos más próximos permanecen tranquilos. Son capaces de percibir más allá del cuerpo físico y saben que el cambio del nirvana al parinirvana no es un cambio.

Conmemoración del parinirvana del Buda
Esta escena la conmemoran los budistas cada año en febrero, como el “día del parinirvana”. Es una celebración donde se aprecian el ejemplo y la enseñanza del Buda. También se reflexiona sobre la muerte, como un aspecto intrínseco de nuestra naturaleza. El parinirvana del Buda nos recuerda que debemos renovar nuestra práctica de meditación por completo, reconociendo la realidad de la muerte, siempre presente. Es importante aseguramos de que el recuerdo de la muerte no debe conducirnos a una actitud mental depresiva e insana. La mente debe estar tranquila. Es imprescindible tener valor, pero también es necesario sentir una paz interior. Contemplamos la precariedad de la vida y comprendemos que la muerte puede ocurrir en muy diversas circunstancias. Ni la salud ni la juventud son garantía de larga vida. No existe un patrón de condiciones específicas que nos mantenga a salvo. La muerte no se rige de acuerdo a ciertas condiciones. No hay una hora o temporada en la que podamos estar seguros. Realmente no existe una barrera entre nuestra persona y la muerte, a ninguna hora y en ningún lugar. Por lo tanto, éste puede ser un tema de reflexión bastante sobrio.

Todos, sin importar cuán grandiosos, distinguidos, nobles o famosos podamos ser, todos moriremos. Los grandes personajes de la historia han muerto. Podemos tener la certeza de que no escaparemos de la muerte. Un día tendremos que devolver al universo los elementos que con frecuencia pensamos que son nuestros. Algún día todos, incluso el Buda, tenemos que morir. 

sábado, 9 de mayo de 2015

El cosmos
en el Budismo

Tiempo, espacio (materia) y consciencia

Tiempo:
Como se mide el tiempo de acuerdo al budismo:

La duración de un kalpa Para medir el curso de los acontecimientos que tienen lugar en el plano material,Samsara, incluyendo la evolución y la involución de los mundos, se requieren unidades de magnitud inconcebible.

Cosmológicamente el budismo dice que es inmenso el número de renacimientos que han experimentado los discípulos del Buda y los demás seres humanos y que:

la leche materna que han mamado y
las lágrimas que han derramado en previas existencias
tienen mucho mayor volumen que las aguas de los poderosos océanos

Preguntas al Buda sobre Kalpas

Un bhikkhu (monje) preguntó una vez cual era la duración del Kappa (sánscrito: Kalpa), la unidad ordinaria para medir vastísimos períodos. El Buda le respondió:

-Largo es el eón verdaderamente, hermano, imposible de calcular. Tantísimos años, tantísimos siglos, tantísimos milenios, tantísimos cientos de miles de años. -¿Pero puede ser dada una ilustración, Señor? -Sí se puede, hermano. Si hubiera un gran montaña de cuatro leguas de longitud, altura y anchura, sin hendidura o grieta alguna, sin agujeros, una masa sólida de roca y un hombre, al final de cada siglo, fuera y lo frotara suavemente una vez con una tela de Benarés, antes se desgastaría el gran risco por este método que pasaría un eón. Así de largo es el eón. Muchos eones como éste han pasado, muchos cientos de eones, muchos miles de eones, muchos cientos de miles de eones” tomado del dialogo del buda en el Samyutta-Nikaya II.

El kalpa se divide en cuatro períodos o eones
La palabra traducida aquí como “eón” también se ha traducido como “período-mundo”, lo cual nos da más indicios de su significado. Un kalpa es el período de tiempo que se requiere para que todo el sistema de mundos -periodo mundo- evolucione, desde lo que se llama, en los textos budistas, el mundo deBrahma o el plano más alto y sutil* de la existencia fenoménica, hasta que, después de un periodo de involución, se devuelva hacia él.

Cada kalpa se divide en cuatro períodos o cuatro eones: 

1. el eón de involución (samvatta-kappa),
2. la continuación de la involución (samvatta-tthayi),
3. el eón de la evolución (vivatta-kappa) y
4. la continuación de la evolución (vivatta-tthayi).

Imposible de calcular
Según el Buda, ni siquiera es posible calcular la duración de estas subdivisiones del kalpaen cientos o miles o, incluso, cientos de miles de años.

Aunque se hayan usado los términos “evolución” e “involución” como equivalentes de samvatta y vivatta, no ha de suponerse que estos términos científicos modernos correspondan en absoluto a los términos originales arios y antiguos.

Espacio (o materia) y conciencia:
Dos planos paralelos: una de conciencia involucionando y el otro de materia evolucionando

La cosmología budista, en contraste con la ciencia, propone como principio un mundo o plano espiritual subjetivo o de consciencia (el brahmaloka, que no debe confundirse con el estado no dualista y trascendental del nirvana), además del mundo o plano objetivo de la materia, el del mundo externo.

Por lo tanto la cosmología budista mantiene que la línea de desarrollo biológico que va desde la amiba hasta el hombre no es sencilla sino doble.

Es el proceso conjunto de degeneración espiritual o involución (de la conciencia) El desarrollo material o evolución (del plano material)

Los eónes de la involución
El primero de los cuatro kalpas el asamkheyya-kappas: el eón de la involución, es el vasto lapso durante el cual se destruye completamente el sistema de mundos previo, el chakkavala, y todo vuelve a sus elementos constituyentes. La mayoría de los seres que habitan en los diferentes planos renacen entonces en el mundo Brahma, el único que no se somete al proceso de disolución

Antes de la vida en cualquier mundo
Durante el segundo Kalpa: asamkheyya-kappa, el período de la continuación de la involución, nos encontramos, por un lado, con la energía residual de la materia que representa el extremo de lo objetivo y, por el otro lado, con el mundo Brahma y sus habitantes, que representan el extremo de lo subjetivo. Ambos existen en completo aislamiento, en polos opuestos de la existencia fenoménica.

El proceso de interacción no comienza hasta mucho después del principio del Tercer kalpa asamkheyya-kappa, el eón de la evolución. Entonces, el sistema de mundos re-evoluciona, partiendo de la energía residual de la materia.


Sin embargo está habitada

La mayoría de los seres que habitan en el mundo de los Brahmas Radiantes renacen en la Tierra. Durante un período muy largo siguen el mismo modo de vida que llevaban en su antiguo “cielo”. Su ser consta sólo de mente o espíritu, de luminosidad propia y se alimentan unicamente de éxtasis. A la tierra se le describe en tinieblas y cubierta por las aguas. Se podria señalas que es una descripción exacta de la fase temprana de la Tierra, antes de que los rayos del sol disiparan el vapor en la atmósfera. En ese tiempo, los seres luminosos del mundo Brahma no se diferenciaban sexualmente como masculinos o femeninos.

La tierra emerge de las aguas y aparece la vida
Más adelante, la tierra empieza a surgir. En el Aggañña Sutta, del Digha Nikaya, la principal fuente de información en pali sobre cosmogénesis, hay una metáfora muy expresiva:

“como la costra que se forma en la superficie del arroz hervido en leche al enfriarse”.

De esta costra se alimentan los seres luminosos. La sensación del sabor le va resultando placentera y empiezan a sentir deseo. Al depender cada vez más de ella para su alimento, la luminosidad y el cuerpo etéreo, que antes tenían, se trasforma en algo sólido y tosco. Con el paso del tiempo se manifiestan diferencias en su forma.

Mientras tanto la tierra va emergiendo de las aguas, la niebla se disipa y aparecen el sol y la luna, brillando sobre ella.

Al seguir este proceso de “evolución” crecen primero los líquenes y los hongos. Después brotan otras plantas y, finalmente, salen los cereales. Los seres, que en un principio eran radiantes y luminosos, se alimentan de éstos y se van haciendo más toscos y sólidos, así como más conscientes de sus diferencias, hasta que al final no sólo se convierten en especies distintas, sino que también adquieren sexos distintos. La caída del hombre está ya casi completa.

Nuestro mundo actual
Con la diferenciación sexual aparecen la lujuria y las pasiones, el odio y las enemistades, la moralidad sexual, las instituciones de la familia y de la propiedad, la ley y el crimen y, por último, el gobierno y las distinciones sociales. Es el mundo de los últimos cientos de miles de años que se muestra en los escorzados anales de la antropología y en las páginas de la historia, tan impregnadas de sangre.

El proceso evolutivo presenta en si dos aspectos
El cuarto y último asamkheyya-kappa: l período de la continuación de la evolución, en cuyas cercanías nos encontramos en la actualidad, es ése en el que el sistema de mundos se mantiene en el estado de evolución previamente alcanzado hasta el comienzo del nuevo mahakalpa, en el que ocurre de nuevo el proceso de evolución e involución descrito.

Resultará obvio ahora por qué se afirmó que la línea del desarrollo biológico no es sencilla sino doble. Cada paso en el proceso evolutivo viene de la fusión de un movimiento ascendente en el desarrollo de lo material con otro descendiente de degeneración psíquica o espiritual. El hombre no es sólo el primate elevado sino también el ángel caído y la historia de la raza humana puede resumirse en la involución espiritual en el marco de la evolución biológica. Ésta es, en una escala infinitamente mayor, la historia del sistema de mundos en el que el pequeño planeta habitado por el hombre no es más que una parte infinitamente pequeña. El hecho de que la ciencia moderna dedique toda su atención a su pasado material y desatienda la existencia conjunta de una línea espiritual es otro ejemplo de la incapacidad de percibir esos panoramas ilimitados que nos revelan las escrituras budistas.

La existencia fenoménica se comporta como el océano
El samsara, la totalidad de la existencia fenoménica, puede ser imaginado como las ilimitadas aguas del océano. Sobre su superficie crecen y se desvanecen sin cesar una infinidad de olas. Cada una representa un chakkavala o sistema de diez mil mundos. El crecimiento de la ola corresponde al período de evolución y el desvanecimiento al período de involución. Así como las infinitas olas del océano no surgen y desaparecen simultáneamente, sino que lo hacen en distintos momentos, de la misma manera, algunos sistemas de mundos re-emergen de sus respectivos caos mientras otros se hunden de nuevo en ellos. El poeta Shelley usa una imagen semejante, aunque en una escala más reducida (mundos, en vez de sistemas de mundos):

Worlds on worlds are rolling ever
From creation to decay,
Like the bubbles on a river
Sparkling, bursting, borne away.

(Mundos sobre mundos que giran sin fin,
desde la creación hasta la decadencia,
como las burbujas en un río,
centellean, estallan, siguen adelante).

Es un contexto cosmológico extremadamente detallado 

Un kalpa es el período de tiempo que transcurre entre la destrucción completa y la renovación completa de un sistema de mundos. Éstos se destruyen y se renuevan incesantemente, como las olas del océano.

Tras dividir el kalpa en cuatro asamkheyya-kappas, el Canon Pali prosigue con más refinamientos y clasificaciones. Cada asamkheyya-kappa se divide en veinte antara-kappas, que es el período que transcurre mientras la edad del hombre aumenta de 10 años a 10,000,000 elevado a la potencia 20 (1 seguido de 140 ceros) y decrece a 10 de nuevo. Cada antara-kappa se subdivide en ocho yugas o eras.

Todo este esbozo que se hace aquí del contexto cosmológico del budismo tiene la finalidad de aportarnos una comprensión preliminar de estos asuntos, para entender mejor la naturaleza y la función de un Buda. 
Las mujeres
en el Budismo....

Lo que el Buda dijo sobre la mujer
El Buda dejó muy claro que tanto las mujeres como los hombres podían alcanzar la Iluminación y las admitió en la orden monástica de ese entonces como bhikkhunis, que era algo totalmente revolucionario en aquella época.


Foto © 

Una paradójica posición
Sin embargo se cuenta que el Buda se mostraba reticente a incorporar a las mujeres en la orden y que sólo lo permitió cuando Ananda (su fiel asistente) se lo pidió por tercera vez. Cuando las admitió, estableció una serie de preceptos para ellas.

En las escrituras Mahayana figuran ciertos ejemplos en que se manifiesta que la naturaleza femenina es inferior. Sin embargo, en la misma obra aparecen algunas narraciones sobre mujeres jóvenes que reprenden y desconciertan a ancianos monjes venerables por no reconocer la destreza de la mujer para enseñar las doctrinas.

Ocupan un nivel “inferior” dentro de la organización monástica 
El linaje de ordenación bhikkhuni (o de monjas budistas) se extinguió dentro de la tradición del budismo antiguo Theravada. Nunca se impuso en el Tíbet y actualmente sólo pervive en las tradiciones del Budismo sino-japones. Sin embargo en la comunidad tibetana algunas mujeres, llamadas anis, se entregan a la vida monástica. En Tailandia a estas mismas se les denominada maejis. En cualquier caso, su posición es considerablemente “inferior” dentro de la organización de los monjes ordenados que viven (al menos así parece) de acuerdo con los antiguos códigos monásticos. Las comodidades de que disfrutan son escasas, por no decir inexistentes.

La situación en paises Occidentales 
No obstante, la situación es muy diferente en las comunidades budistas occidentales, que en su gran mayoría admiten a hombres y mujeres con las mismas condiciones.

Algunas mujeres buscan restablecer la antigua tradición
Si embargo algunos grupos de mujeres en Occidente y, cada vez más también, en Oriente, tratan de encontrar fórmulas para recuperar las órdenacion tradicional de bhikshuni (Bhikshuni es sánscrito, bhikkuni es en pali).

Quizá una posible solución estribaría en “importar” al budismo Theravada o al tibetano de la actitud existente en China, que parece no haberse interrumpido nunca desde las primeras ordenaciones de mujeres en tiempos del Buda. Resulta imposible predecir si esto se logrará finalmente.

En constante desventaja dentro del modelo tradicional 

En cualquier caso, las mujeres que desean recuperar la ordenación tradicional en países asiáticos se encuentran en una situación que las pondría en una constante desventaja; al perseguir la igualdad con sus hermanos monásticos intentando recuperar la ordenación bhikshuni tradicional, esta las colocaría de forma inequívoca en una posición inferior dentro de la organización monacal. Por ejemplo, una de las reglas que tendrían que aceptar establece que todas las monjas, “aun cuando tengan cien años de ordenadas”, deben mostrar deferencia en todo momento hacia el monje más joven.

Optar por el modelo occidental 
Parece, pues, que estas mujeres que buscan la igualdad de oportunidades y que desean ser ordenadas en la religión budista tal ves deberían abandonar la cuestión de la ordenación bhikshuni tradicional y adoptar uno de los nuevos modelos de órdenes y prácticas que, en la actualidad, surgen en Occidente y, en los cuales, tanto hombres como mujeres reciben la misma ordenación y gozan de las mismas o
portunidades. 

domingo, 12 de abril de 2015

La vida del Buda
a partir de su despertar

 


Me resta hacer un recuento de la siguiente parte de su vida, de los cuarenta años que lo llevaron por todos los territorios al norte de la India, las ciudades y pueblos de la ribera en la parte central del Ganges. 

Después de su despertar
Inmediatamente después de su iluminación pasó varias semanas en las cercanías del árbol del Bodhi (lugar posteriormente conocido como Bodh Gaya), absorbiendo y asimilando el impacto de su percatación transformadora.

Experimentó algunas dudas acerca de comunicar esto a otros, pero el brahma o alta deidad llamado Sahampati le suplicó lo hiciera para beneficio de aquellos que pudieran entender su mensaje. Pensó primero en sus maestros Alara Kalama y Udraka Ramaputra, pero entendió que para entonces ya habrían muerto.

Sus primeros cinco discipulos
Recordó a sus compañeros ascetas quienes indignados lo habían abandonado, y a ellos se dirigió en Rsipatana (actualmente Sarnath). Ahí en el parque de los ciervos a unas seis millas al norte de la ciudad principal, los enseño, y mediante un lento y prolongado proceso, a causa de su reticencia inicial a recibir enseñanzas de su parte, llevó a los cinco al mismo discernimiento de la naturleza de la cosas que el mismo había logrado en Bodh Gaya.

Los primeros 55 discipulos del Buda y su enseñanza
Tras este difícil logro, su enseñanza fue recompensada con la instrucción exitosa de cincuenta y cinco jóvenes más, después de lo cual, exhortó a este primer grupo de sesenta a vagar los caminos, cada uno por su cuenta, enseñando este mismo entendimiento de cómo son las cosas, para el beneficio de la mayoría (bahujanahitaya).

El Buda continuó enseñando durante cuarenta y cinco años mas. Su Sangha, la comunidad de sus seguidores, creció rápidamente y aunque evidentemente el disfrutaba de la soledad, la información de los sutras sugiere que pasó gran parte de su tiempo en centros urbanos, como los de Rajagrha, Vaisali y Sravasti, donde tendría la oportunidad de contactar un mayor número de personas. De hecho las últimas veinte o veinticinco temporadas de lluvia permaneció en Sravasti, la capital de Kosala, una enorme y próspera ciudad en el cruce de dos principales rutas comerciales, donde Anathapindada un fiel e importante seguidor había donado un agradable claro en el bosque para uso del Buda y sus discípulos.

El final de la vida del Buda
A la edad de ochenta años el Buda enfermó seriamente en Vaisali, y determinó que en tres meses moriría, es decir llegaría a su parinirvana. La causa inmediata de su muerte fue un alimento (cerdo o trufas, de lo que no hay certeza) recibida de un trabajador de metales llamado Cunda, que le provocó disentería. Falleció entre grupo de árboles de sal en Ku?inagara.
Sus palabras finales fueron

vayadhamma samkhara, appamadena sampadetha,

“Todas las cosas condicionadas son impermanentes: con atención conciente esfuércense”

Siete días después sus restos fueron cremados, y sus resto se concervaron como reliquias. Fueron distribuidas entre los gobernantes locales para ser depositadas en diez estupas o formas arquitectonicas que conmemoran la Iluminación.

tomado de Dharmachari Sthiramati del libro: Budismo una historia concisa.

domingo, 8 de marzo de 2015

  • Introducción
Niveles de Atención Consciente.
Vamos  a introducir el tema del significado del vocablo smriti o "atención consciente" de manera indirecta tomando un ejemplo de nuestra vida cotidiana. Para empezar, va a ser un ejemplo no de atención consciente, sino de descuido, ya que estamos más familiarizados con la desatención que con la atención y mediante este análisis quizás nos sea más fácil llegar a comprender la última.
Un ejemplo de desatención
Supongamos pues que estamos escribiendo una carta. Es una carta urgente que debe enviarse sin demora en el próximo correo. Pero como tan a menudo sucede en nuestra vida moderna, suena el teléfono: es un amigo que quiere charlar un poco. Antes de darnos cuenta, ya estamos involucrados en una larga conversación. Continuamos charlando quizás durante media hora y finalmente colgamos el teléfono. Hemos hablado de tantas cosas con nuestro amigo que casi nos hemos olvidado que estábamos escribiendo una carta, y hemos hablado durante tanto tiempo que sentimos sed. Así pues, damos una vuelta por la cocina y ponemos la tetera al fuego para prepararnos una taza de té. Mientras esperamos a que hierva el agua oímos un sonido agradable que viene del otro lado de la pared, de la puerta de al lado, y al darnos cuenta de que es la radio, pensamos que nosotros también podríamos escuchar música. Vamos corriendo a la habitación contigua, encendemos la radio y empezamos a escuchar una canción. Cuando ésta termina empieza otra y también queremos escucharla. Así va pasando el tiempo y, lógicamente, nos hemos olvidado del agua de la tetera que está hirviendo. Justo cuando estamos en medio de todo este atolondramiento oímos que alguien llama a la puerta: es un amigo que ha venido de visita. Como estamos muy contentos de verle, nos sentamos a charlar y, en un momento dado, queremos ofrecerle una taza de té. Vamos a la cocina y la encontramos llena de vapor. Entonces nos acordamos de que habíamos puesto la tetera al fuego un rato atrás y eso nos hace recordar la carta. Pero ya es demasiado tarde, el correo ya ha salido.
Éste es un ejemplo de falta de atención consciente en la vida diaria. En realidad, para la gran mayoría, la vida diaria consiste en este tipo de desatención. Sin duda alguna, todos nosotros podemos vernos retratados en este ejemplo y podemos reconocer que ésta es la forma caótica y descuidada en que vivimos nuestra vida.
Ahora pasemos a analizar la situación e intentemos descubrir en qué consiste la desatención; de esta manera podremos comprender mejor su naturaleza. Ante todo, contamos con el simple hecho de la falta de memoria,  Nos olvidamos de la carta que estamos escribiendo cuando hablamos por teléfono, y nos olvidamos de la tetera mientras escuchamos la radio.
Porque se nos olvidan las cosas
¿Por qué nos olvidamos de las cosas con tanta facilidad? ¿Por qué perdemos algo de vista, cuando se supone que debemos tenerlo en cuenta? La razón de ello es que nos distraemos con mucha facilidad. Nuestra mente se desvía fácilmente. Por ejemplo, a menudo sucede que mientras estoy dando una conferencia o una charla sobre algún tema, todo el público presta atención y se produce un silencio absoluto; de repente la puerta se abre y alguien entra. ¿Qué sucede entonces? La mitad de las cabezas se giran, como si fueran movidas por un mismo hilo. La gente se distrae con mucha facilidad. A veces es una mosca contra el cristal de la ventana o una hoja de mis notas que cae al suelo. Éstos son ejemplos de la facilidad que tenemos para distraemos y éste es el motivo por el que tendemos a olvidar las cosas en nuestra vida diaria. ¿Por qué nos distraemos con tanta frecuencia? Nos distraemos con facilidad porque nuestra concentración es débil. Si el público estuviera realmente escuchándome, concentrado en lo que estoy diciendo, podría entrar un elefante por esta puerta y nadie se daría cuenta. Debido a que nuestra concentración es pobre nos distraemos con tanta facilidad. No nos concentramos por completo en lo que estamos haciendo.
Continuidad de propósito
¿A qué se debe que nuestra capacidad de concentración sea tan débil? ¿Por qué somos tan indiferentes? También deberíamos formulamos estas preguntas. Nuestra concentración es tan débil porque no contamos con una continuidad en nuestro propósito. No existe ningún propósito dominante que permanezca inalterado en medio de las distintas cosas que hacemos. Sencillamente pasamos de una cosa a otra, de un propósito a otro, de un deseo a otro, y así todo tiempo, como el personaje de la famosa sátira de Dryden quien:
"Se iniciaba en todo y en nada duraba;  en el curso de una fase de luna  era químico, violinista, político y bufón".

Debido a que no hay una continuidad en nuestro propósito, dado que no nos entregamos a una sola cosa todo el tiempo, no existe una verdadera individualidad. Somos una sucesión de personas diferentes, todas ellas más bien frustradas, por no decir rudimentarias. No hay un crecimiento regular; no hay un desarrollo auténtico ni una evolución verdadera.
Algunas de las principales características de la desatención están seguramente más claras ahora. La desatención es un estado de falta de memoria, de distracción, de concentración pobre, de ausencia de individualidad verdadera. La atención consciente, por supuesto, tiene características opuestas. Es un estado de memoria, de no distracción, de concentración, de continuidad y constancia en los propósitos y de individualidad en el continuo desarrollo. Todas estas características están implicadas en el término "atención consciente". No es que estas características definan totalmente la "Atención Consciente Perfecta", pero sí la define lo suficiente para que podamos seguir adelante. Servirán para darnos una idea general de lo que son la atención o la atención consciente y la "Atención Perfecta".
Niveles de atención
Pasemos ahora a nuestro tema principal, que son los niveles de atención consciente. Tradicionalmente, estos niveles están clasificados de varias formas; pero en esta ocasión, propongo hablar de los niveles de atención consciente en cuatro apartados. Estos apartados son:
1. La atención consciente en las cosas.
2. La atención consciente en uno mismo.
3. La atención consciente en los demás.
4. La atención consciente en la Realidad.
Al considerar los niveles de atención consciente en estos cuatro apartados, espero que consigamos formamos una idea bastante completa de la verdadera naturaleza de la "Atención Perfecta".
1. La atención consciente en las cosas
Cuando hablamos de "cosas" nos referimos a los objetos materiales, tales como un libro o una mesa. Nos referimos a todo nuestro entorno material, lleno de tantísimos objetos diversos. En pocas palabras, nos referimos a todo el reino de la naturaleza. Por supuesto, la mayor parte del tiempo somos sólo vagamente conscientes de las cosas que nos rodean y no gozamos más que de una atención consciente a nivel general. No tenemos, en realidad, conciencia de nuestro entorno, de la naturaleza del cosmos... La razón de ello es que casi nunca nos detenemos realmente a mirar. ¿Cuántos minutos al día, y no digamos horas, pasamos mirando algo? Probablemente no nos dedicamos a mirar así ni tan siquiera unos segundos, y la razón que normalmente damos para ello es que no tenemos tiempo. Quizás ésta sea una de las mayores acusaciones que puedan hacerse a la civilización moderna: que no tenemos tiempo para detenernos y mirar algo. Quizás, en nuestro camino al trabajo, pasamos por delante de un árbol pero no tenemos tiempo para mirarlo o mirar cosas menos románticas, como pueden ser paredes, casas y vallas, y esto hace que nos preguntemos para qué sirven esta vida y nuestra civilización moderna si no hay tiempo para mirar las cosas. En palabras del poeta:
"¿Qué es esta vida, si con tanto cuidar no tenemos tiempo para parar y mirar?"
El hecho de que no tenemos tiempo para simplemente mirar es algo que debemos recordarnos a nosotros mismo. También existe la dificultad de que incluso si tenemos tiempo y nos detenemos a mirar algo, tratando de estar atentos a ello, difícilmente vemos las cosas en sí. Lo que normalmente vemos, incluso cuando nos paramos a mirar, es la proyección de nuestra propia subjetividad. Miramos algo pero lo vemos a través del velo, la cortina, la niebla, la bruma de nuestra propia condición mental.
Una anécdota
Hace unos años, en India, fui a dar un paseo con un amigo de Nepal y nos paramos al pie de un pino espléndido. Al mirar el tronco liso hacia arriba, aquella cantidad de hojas verdes, no pude evitar exclamar: "¡Qué árbol tan maravilloso!" Mi amigo nepalés, que estaba de pie a mi lado, dijo: "¡Oh, si es maravilloso! Hay suficiente leña para todo el invierno." Él no veía el árbol; todo lo que vio fue una cierta cantidad de leña. La mayoría de nosotros miramos así toda clase de objetos materiales y eso es algo que debemos aprender a no hacer. Debemos aprender a mirar las cosas por ellas mismas, sin contaminarlas con las huellas de nuestra propia subjetividad o de nuestras propias preferencias y deseos.
Atención y arte Budista
En el arte budista del Lejano Oriente, en el arte de China y Japón, se enfatiza mucho este tipo de actitud o enfoque. En relación a ello hay una historia de cierto pintor que un día pidió a su maestro, un famoso artista, que le enseñara a pintar bambúes. El maestro no le dijo que tomara el pincel e hiciera trazos en la seda o en el papel. No dijo nada sobre pinceles ni pigmentos, ni tan siquiera le habló de pinturas. Solamente le dijo: "Si quieres pintar bambúes, primero has de aprender a verlos." Es un consejo muy sensato porque es muy fácil precipitarse a pintar algo cuando ni tan siquiera lo hemos mirado. Sin embargo, esto es lo que hacen en realidad muchos artistas o, al menos, muchos aficionados al arte. Así pues, se dice que el discípulo se fue a mirar bambúes. Miró los tallos y las hojas. Miró los bambúes en medio de la lluvia y a la luz de la luna. Los observó cuando eran verdes y cuando eran amarillos; cuando estaban frescos y flexibles y cuando estaban secos y decaídos. Se dice que pasó varios años así, simplemente mirando bambúes. Así fue como realmente tuvo conciencia de ellos, se volvió uno con los bambúes. Su vida pasó a los bambúes y la vida de éstos a él. Sólo entonces, según se dice, pudo pintarlos. Por supuesto podemos estar seguros de que lo que pintaba eran realmente bambúes. De hecho, podríamos decir que pasó a ser un asunto de un bambú pintando bambúes.
Ahora bien, según el budismo, al menos según el budismo del Lejano Oriente -las tradiciones de China y Japón y, sobre todo, las tradiciones Ch'an y Zen-, ésta debería ser nuestra actitud hacia toda la naturaleza; no solamente hacia los bambúes sino hacia el sol, la luna, las estrellas, hacia los árboles, las flores y los seres humanos. Debemos aprender a mirar, a ver, a ser conscientes, para de esta manera volvernos sumamente "receptivos". Como consecuencia de nuestra receptividad, nos unimos con todas las cosas, nos fusionamos con ellas y, en esta unidad, en esta realización de afinidad y profunda unión, si tenemos un temperamento artístico, será cuando realmente podremos crear.
2. La atención consciente en uno mismo
Este nivel de atención consciente tiene muchos subniveles, de los cuales describiremos tres que son particularmente importantes.
a) La conciencia en el cuerpo y sus movimientos. En los sutras el Buda nos habla de estar atentos al caminar, cuando estamos sentados, de pie o acostados. Uno tiene conciencia de la posición de las manos y de los pies, de la forma de moverse y de gesticular.
Según esta enseñanza, si se es consciente de todo esto, no se puede actuar de forma precipitada, confusa o caótica.
La ceremonia del te en Oriente
Tenemos un maravilloso ejemplo de esto en la ceremonia japonesa del té. Esto es algo que todos hemos hecho cientos o miles de veces. Pero, ¿cómo lo realizan en Japón? ¿Cómo se celebra la ceremonia japonesa del té? Se efectúa de un modo muy distinto porque se lleva a cabo con atención consciente.
Con atención consciente se llena un cazo con agua y se pone sobre el fuego. Con atención consciente uno se sienta y simplemente observa cómo hierve el agua, mientras se escucha el burbujeo y, a la vez, se observa cómo flamea el fuego. Después, con atención consciente se deposita el agua hirviendo en la tetera; con atención consciente se vierte el té, se ofrece la taza y se bebe, todo el tiempo guardando un absoluto silencio. Todo esto constituye un ejercicio de atención consciente. Representa la atención consciente aplicada a los quehaceres cotidianos. Este tipo de actitud debería aplicarse a todas nuestras actividades. Todo debería ser llevado a cabo bajo el mismo principio de la ceremonia japonesa del té. Deberíamos realizar todo con atención y, por lo tanto, con calma, serenidad y belleza, así como con dignidad, armonía y paz.
Un desafortunado equivalente moderno
Si la ceremonia japonesa del té representa cierto nivel de atención consciente en la vida diaria y cierto tipo de cultura espiritual -la correspondiente al budismo del Lejano Oriente, en especial al Zen-, ¿cuál es la ceremonia o institución análoga que podría representar esa misma actitud hoy en día en Occidente? ¿Qué actitud mostramos que pueda revelar todo el espíritu de nuestra cultura comercial? Es difícil decir  pero tras pensar sobre esta cuestión, decidí que una actividad característica de nuestra cultura era la comida de negocios. En la comida de negocios se intentan hacer dos cosas a la vez: disfrutar una buena comida y lograr un buen trato. Este tipo de comportamiento, en el que uno intenta hacer dos cosas contradictorias al mismo tiempo, es realmente incompatible con una verdadera, real y profunda atención consciente. Además es muy malo para la digestión.
Si se ejercita la atención consciente en el cuerpo y sus movimientos de una manera prolongada, se logrará que la rapidez de movimientos vaya disminuyendo. El paso de la vida se volverá más estable y rítmico. Las cosas se harán más lentamente y con menos premeditación. Sin embargo, esto no quiere decir que realicemos menos trabajo. Esta idea es una falacia. La persona que hace todas las cosas lentamente -con atención consciente y premeditación-, posiblemente realizará más cosas que la persona que parece muy ocupada, que siempre está corriendo y que tiene montones de papeles y archivos sobre su mesa de despacho y que, en realidad, no está ocupada sino simplemente confundida. La persona que realmente está ocupada hace las cosas tranquila y metódicamente. Ello se debe a que no pierde el tiempo en trivialidades y tonterías y a que está atenta. Por eso, a la larga, consigue hacer mucho más.
b) La atención consciente en los sentimientos.
Ante todo se refiere a percatarnos de si estamos contentos, tristes o en un estado intermedio, nebuloso, gris o indiferente. Al aplicar la atención consciente a los sentimientos de nuestra vida emocional, se observará que el deseo egoísta, el odio o el miedo, tienden a disminuir, mientras que los estados emocionales diestros, los relacionados con el amor, la paz, la compasión, la alegría... tienden a refinarse. Por ejemplo, si por naturaleza somos temperamentales o propensos a enfadarnos, al desarrollar la atención consciente en los sentimientos, tendremos primero consciencia de que hemos estado enfadados. Con un poco de práctica, tendremos conciencia de que estamos enfadados y tendremos conciencia de en qué momento empieza a surgir el enfado. Si continuamos aplicando esta atención consciente a nuestra vida emocional, tarde o temprano los estados emocionales torpes como el enfado acabarán desapareciendo o, como mínimo, serán controlados.
c) La atención consciente en los pensamientos.
Si de repente se nos preguntase: "¿En qué estás pensando ahora mismo?", la mayoría tendríamos que confesar que no lo sabemos. Simplemente permitimos que la mente se deje llevar por la corriente de los pensamientos. No tenemos conciencia de ellos, sólo somos conscientes de ella de una manera vaga, nebulosa y sombría. No hay un pensamiento dirigido. No decidimos pensar en algo y luego pensamos; las ideas fluyen libre e indefinidamente. Los pensamientos entran y salen, a veces como un remolino, dando vueltas en la mente.
Por lo tanto, tenemos que aprender a observar, momento a momento, para ver de dónde vienen los pensamientos y a dónde van. Si lo hacemos, observaremos que el flujo de pensamientos disminuye y que la cháchara mental que sigue y sigue sin parar, se detiene. Con el tiempo, si perseveramos en esta atención consciente en los pensamientos, la mente llegará a ser en cierto punto -en determinados puntos culminantes-, una práctica de meditación completamente silenciosa. Todos los pensamientos discursivos, todas las ideas y conceptos serán simplemente aniquilados; la mente permanecerá en silencio y vacía pero a la vez llena. Este tipo de silencio o vacío de la mente es mucho más difícil de lograr o de experimentar que el mero silencio de la lengua.
Sin embargo, es en este punto en el que, como resultado de la atención consciente, la mente se queda en silencio y los pensamientos se desvanecen, quedando solamente la atención consciente o conciencia pura y clara. Es entonces cuando empieza la verdadera meditación.
Se dice que estas tres clases de atención consciente en uno mismo -la atención consciente en el cuerpo y sus movimientos, en los sentimientos y emociones y en los pensamientos- deberían practicarse todo el tiempo, en todo lo que hacemos. Durante todo el día e incluso, con la práctica, de noche -durante los sueños-, deberíamos permanecer atentos. Siempre debemos estar atentos, teniendo conciencia de cómo movemos el cuerpo, de la forma en que bajamos el pie o levantamos el brazo, conciencia de lo que estamos diciendo, conciencia de nuestros sentimientos, de si estamos contentos, tristes o indiferentes, conciencia de lo que estamos pensando y de si el pensamiento está dirigido o no. Si estamos conscientemente atentos de esta forma, todo el tiempo, incluso durante toda nuestra vida, entonces veremos que, de manera gradual e imperceptible, sin lugar a dudas, esta atención consciente transmutará y transformará todo nuestro ser, todo nuestro carácter. En términos psicológicos, la atención consciente es el elemento transformador más poderoso que conocemos. Si aplicamos calor al agua, el agua se transforma en vapor. De la misma forma, si aplicamos la atención consciente a cualquier contenido psíquico, este contenido se purifica y se sublima de inmediato.
3. La atención consciente en las personas
Si tenemos alguna conciencia de los demás, habitualmente los sentimos no como personas sino como cosas, como objetos que están "ahí fuera". En otras palabras, tenemos conciencia de ellos como cuerpos físicos que interfieren con los nuestros. Sin embargo, esta forma de tener conciencia de los demás no es suficiente. Debemos tener conciencia de ellos como personas.
¿Cómo se logra esto?, ¿cómo puede uno cobrar conciencia de una persona como tal? Lógicamente, ante todo uno debe mirar a los demás. Parece muy simple pero en realidad es muy difícil. Cuando decimos "mirar a los demás" no queremos decir fijar la vista en ellos. No se trata de observarlos con una mirada hipnótica. Uno simplemente ha de mirar y ello no es tan fácil como parece. Incluso podría decirse, sin caer en una exageración, que algunas personas nunca han mirado verdaderamente a otra y que nunca han sido miradas por los demás. De hecho, se puede pasar toda una vida sin mirar a otra persona y sin ser mirado por nadie. Así pues, no hay una atención consciente en las personas.
Ejercicios de comunicación
Como parte de las actividades de la Orden Budista Occidental, a veces se hace lo que llamamos "ejercicios de comunicación". Hay cuatro ejercicios: el primero de ellos consiste en "sólo mirar", sentarse y sencillamente mirar -sin tensión o incomodidad y sin echarse a reír de manera histérica- a una persona sentada frente a ti que también te está mirando. Éste es el primer ejercicio, porque no puede haber una comunicación verdadera con otra persona -o ningún tipo de intercambio auténtico- a menos que seamos conscientes de ella. La cuestión de la comunicación es todo un tema en sí mismo; tema que sólo apunté en relación al Habla Perfecta. Todo lo que debe decirse ahora es que, de ninguna manera, la comunicación ha de estar limitada al discurso. Puede ser también tan directa y sutil como virtualmente telepática. Cuando la comunicación es de este tipo, normalmente indica un nivel más bien elevado de atención consciente en las personas. Además, este tipo de atención consciente es normalmente mutua.
Darshan y atención consciente
En la India hay una forma muy significativa de atención consciente en los demás llamada darshan. Este vocablo literalmente significa mirada, percepción o "visión" y es el término utilizado con respecto a la atención consciente en el maestro espiritual. En la India, los maestros espirituales se encuentran normalmente en lo que se llama ashrams, algo así como un centro de retiro donde vive el maestro y donde sus discípulos se reúnen con él y la gente va a verle. Lo que normalmente sucede es que, tras una ceremonia realizada por la noche llamada arati y que consiste en la realización de unos movimientos con luces ante la imagen de la deidad a la que se está rindiendo culto, el maestro simplemente se sienta y recibe a la gente. En el caso de maestros famosos, la gente acude de todas partes de la India. Cientos y hasta miles de personas llegan allí y todo lo que hacen es sentarse y mirar al maestro. Toman este darshan. En otras palabras, hacen todo lo que pueden para tener conciencia de él, como persona espiritual o como la personificación de un ideal espiritual.
En el caso del famoso Ramana Maharshi,  éste acostumbraba a estar sentado en el ashram dando darshan durante semanas y meses. Creo que permaneció sentado durante cincuenta años en un lugar concreto y, como yo mismo vi, la gente solía llegar de todas partes de la India sólo para verle, para mirarle, para tener conciencia de él. Con frecuencia no hacían preguntas ni conversaban, aunque, por supuesto, algunos lo hicieron. La mayoría simplemente se sentaba y miraba con atención consciente. Simplemente tomaban darshan. Según la tradición espiritual hindú, no es suficiente con aprender escuchando las instrucciones del maestro. Uno también debe tener conciencia del maestro como una persona espiritual. Sin este tipo de atención consciente se obtendrá muy poca cosa del maestro, en todo caso sólo a nivel intelectual y no espiritual.
4. La atención consciente en la Realidad
No significa "pensar acerca de la Realidad", ni tan siquiera "pensar en estar atentos a la Realidad". La mejor forma de describirla es diciendo que la atención consciente en la Realidad es una clase directa y no discursiva de contemplación. Por supuesto, esto adopta muchas formas y ahora sólo mencionaré una o dos.
La contemplación de los 4 elementos
Una de las formas más conocidas y practicadas es la meditación de la contemplación de los 4 elementos. En esta practica se observa al universo y a el cuerpo propia en términos de cuatro experiencias Solidez dureza (tierra) liquides o suavidad (agua), calor y color (fuego) ligereza y espacio (aire).  Que estas experiencias del universo y del cuerpo o estos elementos son el mismo. El elemento tierra en el Universo es el mismo que el que tenemos en nuestro cuerpo y así con los demás elementos. Observando nuestra interacción con ellos y la interacción del universo con nosotros llevándonos de forma sutil a darnos cuenta del aspecto de realidad que esto representa.
Contemplación de la impermanencia
Otra práctica que nos lleva a contemplar la realidad es la contemplación de la impermanencia del entorno, de las cosas alrededor de nosotros y de nuestro cuerpo.
t recordar a -o tener conciencia de- el Buda, el iluminado. Esto implica cierta atención consciente en la persona del Buda, en el sentido de tener conciencia de la Realidad encarnada en la forma del maestro humano iluminado.
La atención consciente en la Realidad es el nivel más difícil de mantener; más difícil que la atención consciente en las cosas, más difícil que la atención consciente en uno mismo y en los demás. Por ello, existen varios métodos con el propósito de ayudar a mantener un recuerdo o atención consciente continua de la Realidad, de la Esencia, de lo Trascendental.
Sonidos sacros (mantras)  como recordatorio
Uno de estos métodos es la repetición constante de un mantra, palabra o sílaba sagrada normalmente conectada con un Buda o un Bodhisattva en particular. La repetición de esta sílaba, una vez recibida la iniciación correspondiente, no solamente nos pone en contacto con aquello que representa, sino que además mantiene este contacto mientras estamos en medio de todos los cambios, los altibajos, las angustias y las tragedias de la vida cotidiana. Esta repetición se convierte en algo espontáneo -no automático-, incluso independiente de la propia voluntad, por lo que es posible mantener un hilo muy fino de contacto con la Realidad, incluso en medio de todas las ocupaciones y obligaciones, responsabilidades, esfuerzos y placeres de la existencia humana ordinaria.
Conclusión
Éstos son los cuatro niveles principales de atención consciente: la atención consciente en las cosas, en uno mismo, en los demás y, por encima de todo, en la Realidad. Cada uno de ellos tiene su propio efecto particular en la persona que lo práctica. A través de la atención consciente en las cosas nos liberamos del velo de la subjetividad. La atención
consciente en uno mismo purifica nuestra energía psicológica. La atención consciente en los demás nos estimula. Finalmente, la atención consciente en la Realidad nos transmuta, nos transfigura y nos transforma.
Todas estas diferentes clases de atención consciente contribuyen, cada una a su manera, al proceso de la Evolución Superior. Todo esto nos lleva muy cerca de la última etapa del Sendero, Samadhi Perfecto, que veremos en el siguiente capítulo. Y cuando negamos una leve visión de lo que es, habremos terminado imaginariamente nuestro largo peregrinaje.

Fuente: Capitulo 7
Libro: visión y transformación
Autor: Sanghárakshita

domingo, 15 de febrero de 2015

Qué piensa el budismo de...
Del perdón de los pecados a través de la confesión


Jesús, fue un hombre que formuló la salvación en términos de un Dios creador, y él mismo en relación a esto como el que, a través de amor, salvaría a todo aquel que tuviera fe. Es decir, Jesús toma los pecados de aquellos que le tienen fe. Esto dentro del budismo es un tanto difícil de aceptar. Es difícil de aceptar que alguien (o algo) salve, redima o elimine a alguien de sus fallas independientemente de los esfuerzos personales que lleve a cabo esta persona por salvarse. Dentro de la escatología budista es imposible y puede constituir una creencia limitada.
Si el objetivo es salvarse o llegar a un estado de perfección espiritual (o digamos vida eterna) es solo a través de un esfuerzo personal y de responsabilidad, que uno llegara a lograrlo. Me temo que en esto el Budismo es inequívoco. No hay de otra. Está bien tener fe, pero la fe más importante es en tu capacidad de cambiar a partir del producto natural de acciones congruentes que te lleven a esa meta.
Sería mejor ver a Cristo, para los que lo siguen, no como el que toma los pecados sino como el que aporta e inspira a emular sus cualidades, es decir a él como a un ejemplo supremo a seguir, y no como el que lo va a absolver las fallas de aquellos que crean es esa posibilidad. Si no se ve así al maestro o líder de una religión uno puede llegar a pensar o concebir a la vida espiritual en términos de una transacción reciproca de intereses, “me quieres y yo te salvo” o por el otro lado, provocar un paternalismo trascendental con el consiguiente infantilismo moral.
Espero que esto no sea fuerte de decir y espero, de verdad, que no ofenda sentimientos que tú tienes alrededor de la figura de Cristo.