domingo, 28 de febrero de 2016

Budismo para Mortales


De Tailandia me quedó la curiosidad por saber mas sobre el Budismo. La influencia de esta práctica en su cultura, en la manera en la que gente se relaciona con el mundo y quienes los rodean, y su forma de ver y tomar lo que trae la vida, se evidencia de entrada en el país del sudeste asiático.

De Tailandia me quedó la curiosidad por saber mas sobre el Budismo. La influencia de esta práctica en su cultura, en la manera en la que gente se relaciona con el mundo y quienes los rodean, y su forma de ver y tomar lo que trae la vida, se evidencia de entrada en el país del sudeste asiático.
Hay un aire de agradecimiento constante, una necesidad de ayudar al otro y darle lo mejor de si mismos, de sonreír –por algo Tailandia es conocido como el país de las sonrisas– y una total claridad sobre el valor del presente. Su premisa sobre la vida se basa en una de las enseñanzas del Buda, que dice: “El pasado ya no está aquí; el futuro todavía no está aquí; hay solamente un momento en el cual puedes estar realmente vivo: es el momento presente”.
Un monje tailandés que conocí en Chiang Mai lo puso en estas palabras: “Al vivir en el momento presente, abrimos la posibilidad de estar en contacto con las maravillas de la vida que ya están disponibles para nosotros, y que muchas veces por angustiarnos por el futuro o sentir melancolía del pasado no vemos. De esta manera nos convertimos en personas mas libres”.
El viaje en sí fue un primer vistazo al budismo y al Buda, y su presencia en las decenas de templos que visité siempre me generó calma; y una sensación de paz y sabiduría, y de que era bienvenida a reposar mis pensamientos por unos minutos en aquel espacio. Los templos fueron un buen refugio en aquellos meses de intenso calor húmedo, y con el tiempo pasaron de ser una novedad turística a un espacio para la reflexión colectiva, lleno de ofrendas, olores a incienso y loto y una energía reconfortante, difícil de explicar.
Del budismo no se mucho, sigo en mi investigación personal. Luego de una semanas en Tailandia compré mi primer libro, que intenta resumir los principales dogmas y cuenta la historia del último Buda. Me lo recomendó una librera de la calle Soi Ram Buttri, en Bangkok; según ella era el mas sencillo en el asunto. Al poco tiempo me di cuenta que cada página era tan compleja como un tratado de filosofía, y reservé su lectura para los días de mayor concentración; y no para mis tardes de playa, como había pensado. Hasta el momento no lo he terminado de leer. Sigo releyendo algunos de los principales apartados.
Mi búsqueda siguió entonces en mis interacciones con los locales y los monjes, que en algunos monasterios organizan tardes de conversaciones con los turistas para practicar su inglés. Los tailandeses son tímidos por naturaleza, los hombres con las mujeres aún mas. Lograr el tipo de conversación que yo esperaba tomó tiempo, pero los aprendizajes fueron muchos.
Sigo con la curiosidad y con las lecturas, y en este camino encontré a un escritor neoyorquino que escribe libros sobre budismo para mortales, desde su apartamento, que comparte con su gato, Justin Bieber, y su perro, Tillie. Su nombre es Lodro Rinzler, y su mas reciente libro se titula The Buddha Walks into the Office, en el que trae las enseñanzas del Buda a escenarios reales de la vida laboral, en cuanto a la relación con los otros, con uno mismo y el lugar que ocupa el trabajo en nuestras vidas.
Acá una selección de mis frases favoritas (el libro está inglés, las traducciones fueron hechas por mí, pueden haber imprecisiones):
  • “Tu trabajo no es tu vida. Si piensas que tu trabajo es tu vida, deberías estar preocupado. Tu vida es lo que haces de ella, y las cualidades que quieres cultivar durante tu paso por el mundo”.
  •  “La pregunta en la búsqueda de la felicidad no es tanto qué haces, sino por qué lo haces”.
  • “Cuanto mas estemos familiarizados con eso que queremos hacer, mas cuidado y confianza le pondremos… Cuanto mas nos conozcamos a nosotros mismos, será mas fácil encontrar la felicidad en todos los aspectos de nuestras vidas, sobre todo en el trabajo. En ese momento nos daremos de lleno a eso que mas nos gusta hacer”.
  • “¿Qué significa que el Buda estaba iluminado? El fue capaz de ver cómo funcionan las cosas en el mundo, la realidad de cómo sufrimos y creamos confusión para nosotros mismos y los demás, y la manera en que se puede dejar de hacer todo eso”.
  • “Entre mas presentes estemos, menos estresados vamos a estar. Todo esto se logra con una mente fuerte como apoyo”.
  • “No nos sentamos a meditar para convertirnos en buenos meditadores. Nos sentamos a meditar para lograr estar mas despiertos y conscientes en nuestras vidas”.
  • “ ‘Cambia la manera de ver las cosas, y las cosas en cambio’. La practica de la meditación puede hacer que los obstáculos aparentemente insuperables parezcan problemas menores. Si aprendemos a estar presentes, a buscar nuestra bondad fundamental, entonces podemos lograrlo todo”.
  • “Encuentra algo que te guste hacer, y nunca tendrás que trabajar ni un solo día en tu vida”: Harvey Mackay.
  • “Consciente del sufrimiento que causa el lenguaje inconsciente, me comprometo a cultivar la palabra correcta. Sabiendo que las palabras pueden crear felicidad o sufrimiento, hare mi mayor esfuerzo por no mentir, por evitar los chismes y las calumnias, por no utilizar un lenguaje agresivo, y por no decir cosas que provoquen la división o el odio. Yo aspiro a siempre hablar con la verdad”, Buda.
  • “Infortunadamente no se puede cambiar la conducta de los otros, la única persona que uno puede cambiar es a uno mismo. En ese sentido, el primer paso para trabajar con personas difíciles es asegurarse que uno mismo no está actuando como una persona difícil. El acto de escuchar es un buen escudo en contra de ello”.
  • “Cuanto mas seamos capaces de abrirnos al mundo, mas fácil será manejar los altibajos de nuestra vida de una manera que nos traiga felicidad”.

Viaje a las entrañas del budismo



El templo de Borobudur, el más grande del mundo entre los budistas, se encuentra a 40 kilómetros de Yogyakarta, la ciudad cultural y universitaria más importante de Indonesia, y a las faldas del volcán Merapi. Este templo, declarado patrimonio mundial por la Unesco, se ha convertido en un destino turístico y de peregrinaje para los fieles a Siddharta Gautama, Buda, quinta religión más importante del mundo por número de creyentes. Fue construido entre los siglos VIII y IX, durante un periodo de paz relativa en el sudeste asiático. Es decir, mucho antes que el complejo de Angkor Wat, en Camboya, la construcción religiosa más grande de la Tierra, y es también previo a las grandes catedrales europeas.
Borobudur fue construido por los Sailendra, una dinastía de origen extranjero que llegó a Java desde India o Indochina y que reinó entre los siglos VIII y XIII. Bajo su dominio, las islas de Sumatra y Java fueron los centros principales de erudición budista. El templo de Borobudur se construyó para dejar testimonio de su fe y una prueba de su situación social, política y religiosa. De acuerdo con los preceptos del budismo Mahayana, un rey Sailendra tenía que hacer todo lo posible para acumular méritos durante su reinado. Durante esta etapa, en Java central, la sociedad disfrutó de una época relativamente cómoda y tranquila como para soportar el esfuerzo de una construcción de estas características (más de 40.000 metros cúbicos de piedra). Hacían falta artesanos capaces de tallar las imágenes en las piedras y abundantes recursos agrícolas para proporcionar alimentos suficientes. Además, la población que habría participado en la construcción también recogería buen karma, garantizando así el bienestar material y espiritual de todo el reino.

Borobudur es más un lugar de peregrinaje que de culto. Es un centro de entrenamiento para los que quieran alcanzar la Iluminación. Cabe recordar que el budismo originalmente no es una religión, sino una doctrina que explica los pasos para alcanzar el Nirvana, es decir, la liberación de la miseria de la vida, cuyo objetivo final es evitar el renacimiento y la continuación de la misma ciclo tras ciclo. A través de la imagen, los paneles de Borobudur simbolizan el llamado budismo Mihayana, una rama de esta religión que se desarrolló a comienzos de la era cristiana cuyo ideal es llegar a ser un Bodhisattva, un ser iluminado que rechaza la salvación para volver a la vida y ayudar a los otros a alcanzar el Nirvana.

De terraza en terraza

Los más de 1.300 paneles que forman este templo en forma de montaña representan la vida de Buda y las enseñanzas de los textos budistas. Cada historia familiar es un paso más en el progreso del peregrino. Las diferentes galerías están diseñadas para guiar a los fieles en un viaje espiritual a medida que se dirigen hacia arriba, subiendo de terraza en terraza. Cada nivel representa un plano superior de conciencia. Los peregrinos de la época iban para estudiar los textos sagrados para la meditación. Así, Borobudur se convertía en una guía en tres dimensiones hacia la Iluminación. En palabras del profesor Soekmono, arqueólogo indonesio que dirigió el proyecto de restauración del templo, “es una oración en piedra”.

En el lenguaje simbólico, los paneles son el equivalente budista de los evangelios cristianos. A partir de estos relatos, el templo se erigió como un lugar para el aprendizaje, la dedicación y el entrenamiento. Estos relieves narrativos se encuentran en las paredes principales y en las balaustradas y se tienen que leer en la dirección correcta según la Pradakshina, ritual de circunvalación por el cual se tienen que seguir los paneles de izquierda a derecha, dejando el templo a mano derecha.

Los monumentos más característicos de Borobudur son las estupas. Los discípulos de Buda le preguntaron, en el final de su vida, qué tipo de monumento le gustaría que se construyese en su memoria. Buda respondió: una estupa. Y para explicarles lo que era una estupa, cogió el cuenco de las limosnas, lo volcó y le puso su bastón en la parte superior. Esta historia también está representada en los paneles del Borobudur.

domingo, 17 de enero de 2016

Doctrinas
Los cinco preceptos

Una guía para seguir en el camino hacia la iluminación
El comportamiento acarrea consecuencias kármicas que afectan el progreso a lo largo del camino. Sin embargo, hasta que alcanzamos la iluminación, no siempre podemos estar seguros de que nuestros actos de voluntad son positivos. En ocasiones nosotros mismos desconocemos los motivos verdaderos. Por esta razón se precisan ciertas directrices éticas, como la lista de los cinco preceptos. Esta guía describe el comportamiento natural y espontáneo de una persona iluminada. Si queremos alcanzar la iluminación debemos intentar emular dicho comportamiento, puesto que modificando nuestra conducta también cambiaremos nuestro nivel de conciencia.

Principios de adiestramiento

Los preceptos no son normas ni mandamientos. No existe ningún ser superior que nos observa desde arriba para comprobar si seguimos el buen camino. A diferencia de otras listas, como los Diez Mandamientos, los cinco preceptos no indican “lo que todos los budistas deben hacer”, sino que se adoptan de forma voluntaria, en calidad de “principios de adiestramiento”. Los cinco preceptos, que presentamos aquí traducidos del pali clásico, son los más comunes:

Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de matar.
Acepto el principio de adiestramiento de no tomar lo que no me ha sido dado.
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de malas conductas sexuales.
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de la mentira.
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de ingerir intoxicantes.

Una formulación positiva para Occidente
Algunos budistas occidentales han formulado los equivalentes positivos a dichos preceptos:

Con acciones de amor y bondad purifico mi cuerpo.
Con generosidad purifico mi cuerpo.
Con tranquilidad, sencillez y contento purifico mi cuerpo.
Con una comunicación veraz purifico mi habla.
Con una conciencia clara y lúcida purifico mi mente.

Realizamos un cambio en nuestro modo de vivir
Como directrices de entrenamiento, los preceptos son la extensión, en la vida cotidiana, del proceso de buscar refugio en las Tres Joyas. Los preceptos lo hacen efectivo al dotarle de una expresión práctica. No se trata sólo de que quisiéramos dirigirnos hacia la iluminación sino que, adoptando los preceptos, empezamos a cambiar nuestro comportamiento para que concuerde con nuestros ideales. Al igual que existen cuatro niveles de búsqueda de refugio, existen cuatro niveles correspondientes de práctica de los preceptos.

Cuatro niveles de práctica de los preceptos

En el nivel étnico, los preceptos se reducen a las normas de conducta de un grupo o sociedad. Como tales, sólo forman parte de la moralidad convencional y no se adoptan como reglas de adiestramiento en la senda espiritual. En el nivel provisional, los nuevos budistas asumen los preceptos e intentan vivir de acuerdo con ellos para alcanzar una mejor comprensión del budismo, es decir, intentan practicarlos para comprobar cómo afectan a sus vidas. En el nivel efectivo, el individuo se compromete a vivir según los preceptos y, aunque todavía se siente atrapado en el samsara, realiza un esfuerzo coherente para vivir de acuerdo con la ética. En el nivel real, las acciones se corresponden con los preceptos de forma natural y devienen una expresión del modo de ser del individuo. Así, los preceptos describen el comportamiento natural, libre y espontáneo de los miembros de la arya sangha.

El respeto a la vida
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de matar.
Con acciones de amor y bondad purifico mi cuerpo

Verse privado de la vida significa privarse, al mismo tiempo, de todo cuanto uno quiere. La voluntad de vivir es común a todas las cosas vivas. No aceptar este principio representa la contradicción más importante de la regla de oro que reza: “Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.

A todos los seres vivos les aterroriza el castigo.
Todos temen a la muerte.
Si todos somos iguales, nadie debería matar al prójimo.
A todos los seres vivos les aterroriza el castigo.
Para todos, la vida es un bien preciado.
Si todos somos iguales, nadie debería matar al prójimo.*

En el budismo, la regla de oro no se circunscribe al dominio exclusivo de la humanidad, pues respeta la voluntad de vivir de todos los seres sensibles. Cuando matamos o dañamos al prójimo de cualquier forma consciente dejamos de identificarnos con él como seres vivos, lo vemos sólo como un objeto intrínsecamente separado de nosotros. Esto refuerza la dicotomía sujeto/objeto y nos conduce a un estado de penosa limitación. Así pues, cuando matamos, no sólo privamos a otro de lo que le es más preciado, sino que también nos dañamos a nosotros mismos. El amor, identificación emocional de los demás con nuestro yo, difumina las fronteras entre nosotros y el mundo, proporcionándonos una experiencia más rica y profunda de la vida. Los budistas no sólo se abstienen del asesinato y otros actos de violencia, sino que tampoco abortan ni fomentan el aborto. Por lo general son vegetarianos, les preocupa el medio ambiente y el bienestar de otras especies y no toleran el comercio de armas o cualquier otro producto que perjudique a los seres vivos. 

Dar es lo que nos enriquece
Acepto el principio de adiestramiento de no tomar lo que no me ha sido dado.
Con generosidad purifico mi cuerpo.

Del mismo modo que no queremos morir, tampoco queremos separarnos por la fuerza de nuestras posesiones. Lo que nos pertenece, en gran medida, forma parte de nuestra identidad y privar a alguien por la fuerza de sus propiedades es una forma de violencia. No sólo no debemos arrebatar las posesiones a otra persona, sino que tampoco deberíamos robarles ni el tiempo ni la energía, a menos que la ofrezcan libremente. En lugar de tomar, podemos aprender a dar. Por lo general tendemos a preservar nuestra identidad incorporando a ella aquello que, creemos, le proporcionará seguridad y bienestar. Tal orientación, que nos mantiene unidos al samsara y es la fuente de todo sufrimiento, puede cambiarse de forma gradual a través de la práctica consciente de la generosidad. Dar es la contrapartida natural de la no violencia y si se entiende el camino budista como un adiestramiento hacia la paz, también lo es hacia la generosidad. Al cultivar la generosidad se deshacen los vínculos con el egocentrismo.

La difícil cuestión de la conducta sexual
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de malas conductas sexuales.
Con tranquilidad, sencillez y contento purifico mi cuerpo.

Las escrituras budistas apenas abordan el tema del sexo. Los monjes y monjas hacen voto de castidad y los códigos monásticos especifican, con todo detalle, qué actos excluye el voto, pero no se prescribe nada para aquellos que no viven en monasterios. Suele interpretarse este precepto como una reprobación de la violación, el adulterio y el secuestro, pero de hecho es mucho más que eso.

El sexo es importante para todo el mundo. El instinto sexual es muy fuerte y conduce a toda clase de comportamientos extraños. La cultura budista se caracteriza porque nunca ha intentado controlar la sexualidad mediante el sentimiento de culpa, como se observará al visitar algunos países de Asia. El budismo no discrimina a la gente por sus preferencias sexuales. Se puede ser heterosexual, homosexual, onanista, travestido o célibe. El budismo tampoco ha glorificado la familia nuclear. El matrimonio no es un sacramento budista sino, simplemente, un contrato social. Si se consideran las diferentes culturas budistas del mundo se observará que se aceptan socialmente la monogamia, la poligamia y la poliandria, las cuales se entienden como diferentes maneras de organizar la vida.

Lo importante es que el comportamiento sexual de uno no lastime a los demás ni se le conceda un valor desproporcionado al sexo. Vivimos en una cultura que da una importancia desmesurada al sexo, mismo que se convierte en el núcleo vital de muchas personas. Cuando un individuo busca refugio en las Tres Joyas, el sexo se desplaza del centro a la periferia de la vida y el apego a él disminuye. La tensión de la polarización y el deseo sexual aumentan la dualidad sujeto/objeto. En un estado de excitación sexual, la persona objeto del deseo es sólo eso, un objeto. Para muchas personas la conciencia nunca experimenta un estado de división ansiosa tal como cuando están excitadas sexualmente, sobre todo si el deseo queda frustrado. El estado contrario, el de complacencia, es decir, sentirse a gusto con uno mismo y con el mundo, no aparece mediante la satisfacción del deseo, sino debido a su eliminación.

El valor de la palabra
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de la mentira.
Con una comunicación veraz purifico mi habla.

La cultura humana se basa, en gran medida, en la comunicación y para que ésta tenga sentido ha de ser veraz. Si no podemos confiar en la certeza de lo que se nos comunica, la sociedad se desintegra con rapidez. Por lo tanto, mentir significa cometer un acto de violencia contra la sociedad. Además, cuando mentimos nos perjudicamos. La mayoría de las veces lo hacemos para proteger nuestra identidad, con lo que incurrimos en la autoprotección, perpetuando así un proceso mediante el cual giramos en un círculo reducido de preocupación egoísta.

La mentira constituye, asimismo, un acto de violencia contra otros individuos. Al mantener la verdad alejada de ellos les condenamos a una neblina de irrealidad. Buscar refugio en el Buda significa buscar refugio en aquel que descubrió la verdad de las cosas y la encarna. La sangha se compone de hombres y mujeres que han asumido esta verdad. La mentira se opone por completo a las intenciones budistas en su conjunto.

No intoxicar la mente ni el cuerpo
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de ingerir intoxicantes. Con una conciencia clara y lúcida purifico mi mente.

La claridad mental, una de las cualidades más preciadas en el budismo, constituye el medio a través del cual penetramos finalmente en la niebla del engaño, origen del sufrimiento universal. Mediante la claridad mental nos liberamos de los lazos de la ignorancia y nos convertimos en seres capaces de ayudar a los demás a hacer lo mismo. La práctica de la meditación budista se propone el desarrollo de la claridad mental y emocional. A medida que la neblina opresiva de la confusión se desvanece nacen sentimientos de alegría y liberación. Cuando el individuo se compromete con el desarrollo y mantenimiento de estados mentales claros se siente, de forma progresiva y natural, menos inclinado a sacrificar la claridad obtenida por una copa de alcohol. Al mismo tiempo, conforme la sensibilidad aumenta como resultado de la práctica de la meditación, el individuo adquiere cada vez mayor conciencia de los efectos secundarios tóxicos del alcohol.

Una auténtica lista de productos perjudiciales incluiría, no sólo al alcohol y las drogas, sino también todas aquellas actividades que entorpecen, confunden o perturban la mente. Asistir a un multitudinario partido de futbol o ir a la discoteca puede ser perjudicial. Demasiada televisión entumece la mente. Incluso comprar puede resultar un hábito pernicioso. El consumo habitual de drogas conduce a la dependencia. Si uno toma un vaso de whisky cada noche para relajarse, a la larga no conseguirá relajarse sin beberlo. La práctica del budismo ayuda a relajarse y disfrutar de cada estado mental sin necesidad de recurrir a las drogas. Cuando se ha experimentado el éxtasis de la absorción meditativa, el placer de las drogas es como una vulgar pintura barata colgada a la entrada de una importante galería de arte. ¿Por qué distraerse con ella cuando dentro nos esperan tantos tesoros?