sábado, 9 de mayo de 2015

El cosmos
en el Budismo

Tiempo, espacio (materia) y consciencia

Tiempo:
Como se mide el tiempo de acuerdo al budismo:

La duración de un kalpa Para medir el curso de los acontecimientos que tienen lugar en el plano material,Samsara, incluyendo la evolución y la involución de los mundos, se requieren unidades de magnitud inconcebible.

Cosmológicamente el budismo dice que es inmenso el número de renacimientos que han experimentado los discípulos del Buda y los demás seres humanos y que:

la leche materna que han mamado y
las lágrimas que han derramado en previas existencias
tienen mucho mayor volumen que las aguas de los poderosos océanos

Preguntas al Buda sobre Kalpas

Un bhikkhu (monje) preguntó una vez cual era la duración del Kappa (sánscrito: Kalpa), la unidad ordinaria para medir vastísimos períodos. El Buda le respondió:

-Largo es el eón verdaderamente, hermano, imposible de calcular. Tantísimos años, tantísimos siglos, tantísimos milenios, tantísimos cientos de miles de años. -¿Pero puede ser dada una ilustración, Señor? -Sí se puede, hermano. Si hubiera un gran montaña de cuatro leguas de longitud, altura y anchura, sin hendidura o grieta alguna, sin agujeros, una masa sólida de roca y un hombre, al final de cada siglo, fuera y lo frotara suavemente una vez con una tela de Benarés, antes se desgastaría el gran risco por este método que pasaría un eón. Así de largo es el eón. Muchos eones como éste han pasado, muchos cientos de eones, muchos miles de eones, muchos cientos de miles de eones” tomado del dialogo del buda en el Samyutta-Nikaya II.

El kalpa se divide en cuatro períodos o eones
La palabra traducida aquí como “eón” también se ha traducido como “período-mundo”, lo cual nos da más indicios de su significado. Un kalpa es el período de tiempo que se requiere para que todo el sistema de mundos -periodo mundo- evolucione, desde lo que se llama, en los textos budistas, el mundo deBrahma o el plano más alto y sutil* de la existencia fenoménica, hasta que, después de un periodo de involución, se devuelva hacia él.

Cada kalpa se divide en cuatro períodos o cuatro eones: 

1. el eón de involución (samvatta-kappa),
2. la continuación de la involución (samvatta-tthayi),
3. el eón de la evolución (vivatta-kappa) y
4. la continuación de la evolución (vivatta-tthayi).

Imposible de calcular
Según el Buda, ni siquiera es posible calcular la duración de estas subdivisiones del kalpaen cientos o miles o, incluso, cientos de miles de años.

Aunque se hayan usado los términos “evolución” e “involución” como equivalentes de samvatta y vivatta, no ha de suponerse que estos términos científicos modernos correspondan en absoluto a los términos originales arios y antiguos.

Espacio (o materia) y conciencia:
Dos planos paralelos: una de conciencia involucionando y el otro de materia evolucionando

La cosmología budista, en contraste con la ciencia, propone como principio un mundo o plano espiritual subjetivo o de consciencia (el brahmaloka, que no debe confundirse con el estado no dualista y trascendental del nirvana), además del mundo o plano objetivo de la materia, el del mundo externo.

Por lo tanto la cosmología budista mantiene que la línea de desarrollo biológico que va desde la amiba hasta el hombre no es sencilla sino doble.

Es el proceso conjunto de degeneración espiritual o involución (de la conciencia) El desarrollo material o evolución (del plano material)

Los eónes de la involución
El primero de los cuatro kalpas el asamkheyya-kappas: el eón de la involución, es el vasto lapso durante el cual se destruye completamente el sistema de mundos previo, el chakkavala, y todo vuelve a sus elementos constituyentes. La mayoría de los seres que habitan en los diferentes planos renacen entonces en el mundo Brahma, el único que no se somete al proceso de disolución

Antes de la vida en cualquier mundo
Durante el segundo Kalpa: asamkheyya-kappa, el período de la continuación de la involución, nos encontramos, por un lado, con la energía residual de la materia que representa el extremo de lo objetivo y, por el otro lado, con el mundo Brahma y sus habitantes, que representan el extremo de lo subjetivo. Ambos existen en completo aislamiento, en polos opuestos de la existencia fenoménica.

El proceso de interacción no comienza hasta mucho después del principio del Tercer kalpa asamkheyya-kappa, el eón de la evolución. Entonces, el sistema de mundos re-evoluciona, partiendo de la energía residual de la materia.


Sin embargo está habitada

La mayoría de los seres que habitan en el mundo de los Brahmas Radiantes renacen en la Tierra. Durante un período muy largo siguen el mismo modo de vida que llevaban en su antiguo “cielo”. Su ser consta sólo de mente o espíritu, de luminosidad propia y se alimentan unicamente de éxtasis. A la tierra se le describe en tinieblas y cubierta por las aguas. Se podria señalas que es una descripción exacta de la fase temprana de la Tierra, antes de que los rayos del sol disiparan el vapor en la atmósfera. En ese tiempo, los seres luminosos del mundo Brahma no se diferenciaban sexualmente como masculinos o femeninos.

La tierra emerge de las aguas y aparece la vida
Más adelante, la tierra empieza a surgir. En el Aggañña Sutta, del Digha Nikaya, la principal fuente de información en pali sobre cosmogénesis, hay una metáfora muy expresiva:

“como la costra que se forma en la superficie del arroz hervido en leche al enfriarse”.

De esta costra se alimentan los seres luminosos. La sensación del sabor le va resultando placentera y empiezan a sentir deseo. Al depender cada vez más de ella para su alimento, la luminosidad y el cuerpo etéreo, que antes tenían, se trasforma en algo sólido y tosco. Con el paso del tiempo se manifiestan diferencias en su forma.

Mientras tanto la tierra va emergiendo de las aguas, la niebla se disipa y aparecen el sol y la luna, brillando sobre ella.

Al seguir este proceso de “evolución” crecen primero los líquenes y los hongos. Después brotan otras plantas y, finalmente, salen los cereales. Los seres, que en un principio eran radiantes y luminosos, se alimentan de éstos y se van haciendo más toscos y sólidos, así como más conscientes de sus diferencias, hasta que al final no sólo se convierten en especies distintas, sino que también adquieren sexos distintos. La caída del hombre está ya casi completa.

Nuestro mundo actual
Con la diferenciación sexual aparecen la lujuria y las pasiones, el odio y las enemistades, la moralidad sexual, las instituciones de la familia y de la propiedad, la ley y el crimen y, por último, el gobierno y las distinciones sociales. Es el mundo de los últimos cientos de miles de años que se muestra en los escorzados anales de la antropología y en las páginas de la historia, tan impregnadas de sangre.

El proceso evolutivo presenta en si dos aspectos
El cuarto y último asamkheyya-kappa: l período de la continuación de la evolución, en cuyas cercanías nos encontramos en la actualidad, es ése en el que el sistema de mundos se mantiene en el estado de evolución previamente alcanzado hasta el comienzo del nuevo mahakalpa, en el que ocurre de nuevo el proceso de evolución e involución descrito.

Resultará obvio ahora por qué se afirmó que la línea del desarrollo biológico no es sencilla sino doble. Cada paso en el proceso evolutivo viene de la fusión de un movimiento ascendente en el desarrollo de lo material con otro descendiente de degeneración psíquica o espiritual. El hombre no es sólo el primate elevado sino también el ángel caído y la historia de la raza humana puede resumirse en la involución espiritual en el marco de la evolución biológica. Ésta es, en una escala infinitamente mayor, la historia del sistema de mundos en el que el pequeño planeta habitado por el hombre no es más que una parte infinitamente pequeña. El hecho de que la ciencia moderna dedique toda su atención a su pasado material y desatienda la existencia conjunta de una línea espiritual es otro ejemplo de la incapacidad de percibir esos panoramas ilimitados que nos revelan las escrituras budistas.

La existencia fenoménica se comporta como el océano
El samsara, la totalidad de la existencia fenoménica, puede ser imaginado como las ilimitadas aguas del océano. Sobre su superficie crecen y se desvanecen sin cesar una infinidad de olas. Cada una representa un chakkavala o sistema de diez mil mundos. El crecimiento de la ola corresponde al período de evolución y el desvanecimiento al período de involución. Así como las infinitas olas del océano no surgen y desaparecen simultáneamente, sino que lo hacen en distintos momentos, de la misma manera, algunos sistemas de mundos re-emergen de sus respectivos caos mientras otros se hunden de nuevo en ellos. El poeta Shelley usa una imagen semejante, aunque en una escala más reducida (mundos, en vez de sistemas de mundos):

Worlds on worlds are rolling ever
From creation to decay,
Like the bubbles on a river
Sparkling, bursting, borne away.

(Mundos sobre mundos que giran sin fin,
desde la creación hasta la decadencia,
como las burbujas en un río,
centellean, estallan, siguen adelante).

Es un contexto cosmológico extremadamente detallado 

Un kalpa es el período de tiempo que transcurre entre la destrucción completa y la renovación completa de un sistema de mundos. Éstos se destruyen y se renuevan incesantemente, como las olas del océano.

Tras dividir el kalpa en cuatro asamkheyya-kappas, el Canon Pali prosigue con más refinamientos y clasificaciones. Cada asamkheyya-kappa se divide en veinte antara-kappas, que es el período que transcurre mientras la edad del hombre aumenta de 10 años a 10,000,000 elevado a la potencia 20 (1 seguido de 140 ceros) y decrece a 10 de nuevo. Cada antara-kappa se subdivide en ocho yugas o eras.

Todo este esbozo que se hace aquí del contexto cosmológico del budismo tiene la finalidad de aportarnos una comprensión preliminar de estos asuntos, para entender mejor la naturaleza y la función de un Buda. 
Las mujeres
en el Budismo....

Lo que el Buda dijo sobre la mujer
El Buda dejó muy claro que tanto las mujeres como los hombres podían alcanzar la Iluminación y las admitió en la orden monástica de ese entonces como bhikkhunis, que era algo totalmente revolucionario en aquella época.


Foto © 

Una paradójica posición
Sin embargo se cuenta que el Buda se mostraba reticente a incorporar a las mujeres en la orden y que sólo lo permitió cuando Ananda (su fiel asistente) se lo pidió por tercera vez. Cuando las admitió, estableció una serie de preceptos para ellas.

En las escrituras Mahayana figuran ciertos ejemplos en que se manifiesta que la naturaleza femenina es inferior. Sin embargo, en la misma obra aparecen algunas narraciones sobre mujeres jóvenes que reprenden y desconciertan a ancianos monjes venerables por no reconocer la destreza de la mujer para enseñar las doctrinas.

Ocupan un nivel “inferior” dentro de la organización monástica 
El linaje de ordenación bhikkhuni (o de monjas budistas) se extinguió dentro de la tradición del budismo antiguo Theravada. Nunca se impuso en el Tíbet y actualmente sólo pervive en las tradiciones del Budismo sino-japones. Sin embargo en la comunidad tibetana algunas mujeres, llamadas anis, se entregan a la vida monástica. En Tailandia a estas mismas se les denominada maejis. En cualquier caso, su posición es considerablemente “inferior” dentro de la organización de los monjes ordenados que viven (al menos así parece) de acuerdo con los antiguos códigos monásticos. Las comodidades de que disfrutan son escasas, por no decir inexistentes.

La situación en paises Occidentales 
No obstante, la situación es muy diferente en las comunidades budistas occidentales, que en su gran mayoría admiten a hombres y mujeres con las mismas condiciones.

Algunas mujeres buscan restablecer la antigua tradición
Si embargo algunos grupos de mujeres en Occidente y, cada vez más también, en Oriente, tratan de encontrar fórmulas para recuperar las órdenacion tradicional de bhikshuni (Bhikshuni es sánscrito, bhikkuni es en pali).

Quizá una posible solución estribaría en “importar” al budismo Theravada o al tibetano de la actitud existente en China, que parece no haberse interrumpido nunca desde las primeras ordenaciones de mujeres en tiempos del Buda. Resulta imposible predecir si esto se logrará finalmente.

En constante desventaja dentro del modelo tradicional 

En cualquier caso, las mujeres que desean recuperar la ordenación tradicional en países asiáticos se encuentran en una situación que las pondría en una constante desventaja; al perseguir la igualdad con sus hermanos monásticos intentando recuperar la ordenación bhikshuni tradicional, esta las colocaría de forma inequívoca en una posición inferior dentro de la organización monacal. Por ejemplo, una de las reglas que tendrían que aceptar establece que todas las monjas, “aun cuando tengan cien años de ordenadas”, deben mostrar deferencia en todo momento hacia el monje más joven.

Optar por el modelo occidental 
Parece, pues, que estas mujeres que buscan la igualdad de oportunidades y que desean ser ordenadas en la religión budista tal ves deberían abandonar la cuestión de la ordenación bhikshuni tradicional y adoptar uno de los nuevos modelos de órdenes y prácticas que, en la actualidad, surgen en Occidente y, en los cuales, tanto hombres como mujeres reciben la misma ordenación y gozan de las mismas o
portunidades.