domingo, 28 de febrero de 2016

Budismo para Mortales


De Tailandia me quedó la curiosidad por saber mas sobre el Budismo. La influencia de esta práctica en su cultura, en la manera en la que gente se relaciona con el mundo y quienes los rodean, y su forma de ver y tomar lo que trae la vida, se evidencia de entrada en el país del sudeste asiático.

De Tailandia me quedó la curiosidad por saber mas sobre el Budismo. La influencia de esta práctica en su cultura, en la manera en la que gente se relaciona con el mundo y quienes los rodean, y su forma de ver y tomar lo que trae la vida, se evidencia de entrada en el país del sudeste asiático.
Hay un aire de agradecimiento constante, una necesidad de ayudar al otro y darle lo mejor de si mismos, de sonreír –por algo Tailandia es conocido como el país de las sonrisas– y una total claridad sobre el valor del presente. Su premisa sobre la vida se basa en una de las enseñanzas del Buda, que dice: “El pasado ya no está aquí; el futuro todavía no está aquí; hay solamente un momento en el cual puedes estar realmente vivo: es el momento presente”.
Un monje tailandés que conocí en Chiang Mai lo puso en estas palabras: “Al vivir en el momento presente, abrimos la posibilidad de estar en contacto con las maravillas de la vida que ya están disponibles para nosotros, y que muchas veces por angustiarnos por el futuro o sentir melancolía del pasado no vemos. De esta manera nos convertimos en personas mas libres”.
El viaje en sí fue un primer vistazo al budismo y al Buda, y su presencia en las decenas de templos que visité siempre me generó calma; y una sensación de paz y sabiduría, y de que era bienvenida a reposar mis pensamientos por unos minutos en aquel espacio. Los templos fueron un buen refugio en aquellos meses de intenso calor húmedo, y con el tiempo pasaron de ser una novedad turística a un espacio para la reflexión colectiva, lleno de ofrendas, olores a incienso y loto y una energía reconfortante, difícil de explicar.
Del budismo no se mucho, sigo en mi investigación personal. Luego de una semanas en Tailandia compré mi primer libro, que intenta resumir los principales dogmas y cuenta la historia del último Buda. Me lo recomendó una librera de la calle Soi Ram Buttri, en Bangkok; según ella era el mas sencillo en el asunto. Al poco tiempo me di cuenta que cada página era tan compleja como un tratado de filosofía, y reservé su lectura para los días de mayor concentración; y no para mis tardes de playa, como había pensado. Hasta el momento no lo he terminado de leer. Sigo releyendo algunos de los principales apartados.
Mi búsqueda siguió entonces en mis interacciones con los locales y los monjes, que en algunos monasterios organizan tardes de conversaciones con los turistas para practicar su inglés. Los tailandeses son tímidos por naturaleza, los hombres con las mujeres aún mas. Lograr el tipo de conversación que yo esperaba tomó tiempo, pero los aprendizajes fueron muchos.
Sigo con la curiosidad y con las lecturas, y en este camino encontré a un escritor neoyorquino que escribe libros sobre budismo para mortales, desde su apartamento, que comparte con su gato, Justin Bieber, y su perro, Tillie. Su nombre es Lodro Rinzler, y su mas reciente libro se titula The Buddha Walks into the Office, en el que trae las enseñanzas del Buda a escenarios reales de la vida laboral, en cuanto a la relación con los otros, con uno mismo y el lugar que ocupa el trabajo en nuestras vidas.
Acá una selección de mis frases favoritas (el libro está inglés, las traducciones fueron hechas por mí, pueden haber imprecisiones):
  • “Tu trabajo no es tu vida. Si piensas que tu trabajo es tu vida, deberías estar preocupado. Tu vida es lo que haces de ella, y las cualidades que quieres cultivar durante tu paso por el mundo”.
  •  “La pregunta en la búsqueda de la felicidad no es tanto qué haces, sino por qué lo haces”.
  • “Cuanto mas estemos familiarizados con eso que queremos hacer, mas cuidado y confianza le pondremos… Cuanto mas nos conozcamos a nosotros mismos, será mas fácil encontrar la felicidad en todos los aspectos de nuestras vidas, sobre todo en el trabajo. En ese momento nos daremos de lleno a eso que mas nos gusta hacer”.
  • “¿Qué significa que el Buda estaba iluminado? El fue capaz de ver cómo funcionan las cosas en el mundo, la realidad de cómo sufrimos y creamos confusión para nosotros mismos y los demás, y la manera en que se puede dejar de hacer todo eso”.
  • “Entre mas presentes estemos, menos estresados vamos a estar. Todo esto se logra con una mente fuerte como apoyo”.
  • “No nos sentamos a meditar para convertirnos en buenos meditadores. Nos sentamos a meditar para lograr estar mas despiertos y conscientes en nuestras vidas”.
  • “ ‘Cambia la manera de ver las cosas, y las cosas en cambio’. La practica de la meditación puede hacer que los obstáculos aparentemente insuperables parezcan problemas menores. Si aprendemos a estar presentes, a buscar nuestra bondad fundamental, entonces podemos lograrlo todo”.
  • “Encuentra algo que te guste hacer, y nunca tendrás que trabajar ni un solo día en tu vida”: Harvey Mackay.
  • “Consciente del sufrimiento que causa el lenguaje inconsciente, me comprometo a cultivar la palabra correcta. Sabiendo que las palabras pueden crear felicidad o sufrimiento, hare mi mayor esfuerzo por no mentir, por evitar los chismes y las calumnias, por no utilizar un lenguaje agresivo, y por no decir cosas que provoquen la división o el odio. Yo aspiro a siempre hablar con la verdad”, Buda.
  • “Infortunadamente no se puede cambiar la conducta de los otros, la única persona que uno puede cambiar es a uno mismo. En ese sentido, el primer paso para trabajar con personas difíciles es asegurarse que uno mismo no está actuando como una persona difícil. El acto de escuchar es un buen escudo en contra de ello”.
  • “Cuanto mas seamos capaces de abrirnos al mundo, mas fácil será manejar los altibajos de nuestra vida de una manera que nos traiga felicidad”.

Viaje a las entrañas del budismo



El templo de Borobudur, el más grande del mundo entre los budistas, se encuentra a 40 kilómetros de Yogyakarta, la ciudad cultural y universitaria más importante de Indonesia, y a las faldas del volcán Merapi. Este templo, declarado patrimonio mundial por la Unesco, se ha convertido en un destino turístico y de peregrinaje para los fieles a Siddharta Gautama, Buda, quinta religión más importante del mundo por número de creyentes. Fue construido entre los siglos VIII y IX, durante un periodo de paz relativa en el sudeste asiático. Es decir, mucho antes que el complejo de Angkor Wat, en Camboya, la construcción religiosa más grande de la Tierra, y es también previo a las grandes catedrales europeas.
Borobudur fue construido por los Sailendra, una dinastía de origen extranjero que llegó a Java desde India o Indochina y que reinó entre los siglos VIII y XIII. Bajo su dominio, las islas de Sumatra y Java fueron los centros principales de erudición budista. El templo de Borobudur se construyó para dejar testimonio de su fe y una prueba de su situación social, política y religiosa. De acuerdo con los preceptos del budismo Mahayana, un rey Sailendra tenía que hacer todo lo posible para acumular méritos durante su reinado. Durante esta etapa, en Java central, la sociedad disfrutó de una época relativamente cómoda y tranquila como para soportar el esfuerzo de una construcción de estas características (más de 40.000 metros cúbicos de piedra). Hacían falta artesanos capaces de tallar las imágenes en las piedras y abundantes recursos agrícolas para proporcionar alimentos suficientes. Además, la población que habría participado en la construcción también recogería buen karma, garantizando así el bienestar material y espiritual de todo el reino.

Borobudur es más un lugar de peregrinaje que de culto. Es un centro de entrenamiento para los que quieran alcanzar la Iluminación. Cabe recordar que el budismo originalmente no es una religión, sino una doctrina que explica los pasos para alcanzar el Nirvana, es decir, la liberación de la miseria de la vida, cuyo objetivo final es evitar el renacimiento y la continuación de la misma ciclo tras ciclo. A través de la imagen, los paneles de Borobudur simbolizan el llamado budismo Mihayana, una rama de esta religión que se desarrolló a comienzos de la era cristiana cuyo ideal es llegar a ser un Bodhisattva, un ser iluminado que rechaza la salvación para volver a la vida y ayudar a los otros a alcanzar el Nirvana.

De terraza en terraza

Los más de 1.300 paneles que forman este templo en forma de montaña representan la vida de Buda y las enseñanzas de los textos budistas. Cada historia familiar es un paso más en el progreso del peregrino. Las diferentes galerías están diseñadas para guiar a los fieles en un viaje espiritual a medida que se dirigen hacia arriba, subiendo de terraza en terraza. Cada nivel representa un plano superior de conciencia. Los peregrinos de la época iban para estudiar los textos sagrados para la meditación. Así, Borobudur se convertía en una guía en tres dimensiones hacia la Iluminación. En palabras del profesor Soekmono, arqueólogo indonesio que dirigió el proyecto de restauración del templo, “es una oración en piedra”.

En el lenguaje simbólico, los paneles son el equivalente budista de los evangelios cristianos. A partir de estos relatos, el templo se erigió como un lugar para el aprendizaje, la dedicación y el entrenamiento. Estos relieves narrativos se encuentran en las paredes principales y en las balaustradas y se tienen que leer en la dirección correcta según la Pradakshina, ritual de circunvalación por el cual se tienen que seguir los paneles de izquierda a derecha, dejando el templo a mano derecha.

Los monumentos más característicos de Borobudur son las estupas. Los discípulos de Buda le preguntaron, en el final de su vida, qué tipo de monumento le gustaría que se construyese en su memoria. Buda respondió: una estupa. Y para explicarles lo que era una estupa, cogió el cuenco de las limosnas, lo volcó y le puso su bastón en la parte superior. Esta historia también está representada en los paneles del Borobudur.

domingo, 17 de enero de 2016

Doctrinas
Los cinco preceptos

Una guía para seguir en el camino hacia la iluminación
El comportamiento acarrea consecuencias kármicas que afectan el progreso a lo largo del camino. Sin embargo, hasta que alcanzamos la iluminación, no siempre podemos estar seguros de que nuestros actos de voluntad son positivos. En ocasiones nosotros mismos desconocemos los motivos verdaderos. Por esta razón se precisan ciertas directrices éticas, como la lista de los cinco preceptos. Esta guía describe el comportamiento natural y espontáneo de una persona iluminada. Si queremos alcanzar la iluminación debemos intentar emular dicho comportamiento, puesto que modificando nuestra conducta también cambiaremos nuestro nivel de conciencia.

Principios de adiestramiento

Los preceptos no son normas ni mandamientos. No existe ningún ser superior que nos observa desde arriba para comprobar si seguimos el buen camino. A diferencia de otras listas, como los Diez Mandamientos, los cinco preceptos no indican “lo que todos los budistas deben hacer”, sino que se adoptan de forma voluntaria, en calidad de “principios de adiestramiento”. Los cinco preceptos, que presentamos aquí traducidos del pali clásico, son los más comunes:

Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de matar.
Acepto el principio de adiestramiento de no tomar lo que no me ha sido dado.
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de malas conductas sexuales.
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de la mentira.
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de ingerir intoxicantes.

Una formulación positiva para Occidente
Algunos budistas occidentales han formulado los equivalentes positivos a dichos preceptos:

Con acciones de amor y bondad purifico mi cuerpo.
Con generosidad purifico mi cuerpo.
Con tranquilidad, sencillez y contento purifico mi cuerpo.
Con una comunicación veraz purifico mi habla.
Con una conciencia clara y lúcida purifico mi mente.

Realizamos un cambio en nuestro modo de vivir
Como directrices de entrenamiento, los preceptos son la extensión, en la vida cotidiana, del proceso de buscar refugio en las Tres Joyas. Los preceptos lo hacen efectivo al dotarle de una expresión práctica. No se trata sólo de que quisiéramos dirigirnos hacia la iluminación sino que, adoptando los preceptos, empezamos a cambiar nuestro comportamiento para que concuerde con nuestros ideales. Al igual que existen cuatro niveles de búsqueda de refugio, existen cuatro niveles correspondientes de práctica de los preceptos.

Cuatro niveles de práctica de los preceptos

En el nivel étnico, los preceptos se reducen a las normas de conducta de un grupo o sociedad. Como tales, sólo forman parte de la moralidad convencional y no se adoptan como reglas de adiestramiento en la senda espiritual. En el nivel provisional, los nuevos budistas asumen los preceptos e intentan vivir de acuerdo con ellos para alcanzar una mejor comprensión del budismo, es decir, intentan practicarlos para comprobar cómo afectan a sus vidas. En el nivel efectivo, el individuo se compromete a vivir según los preceptos y, aunque todavía se siente atrapado en el samsara, realiza un esfuerzo coherente para vivir de acuerdo con la ética. En el nivel real, las acciones se corresponden con los preceptos de forma natural y devienen una expresión del modo de ser del individuo. Así, los preceptos describen el comportamiento natural, libre y espontáneo de los miembros de la arya sangha.

El respeto a la vida
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de matar.
Con acciones de amor y bondad purifico mi cuerpo

Verse privado de la vida significa privarse, al mismo tiempo, de todo cuanto uno quiere. La voluntad de vivir es común a todas las cosas vivas. No aceptar este principio representa la contradicción más importante de la regla de oro que reza: “Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.

A todos los seres vivos les aterroriza el castigo.
Todos temen a la muerte.
Si todos somos iguales, nadie debería matar al prójimo.
A todos los seres vivos les aterroriza el castigo.
Para todos, la vida es un bien preciado.
Si todos somos iguales, nadie debería matar al prójimo.*

En el budismo, la regla de oro no se circunscribe al dominio exclusivo de la humanidad, pues respeta la voluntad de vivir de todos los seres sensibles. Cuando matamos o dañamos al prójimo de cualquier forma consciente dejamos de identificarnos con él como seres vivos, lo vemos sólo como un objeto intrínsecamente separado de nosotros. Esto refuerza la dicotomía sujeto/objeto y nos conduce a un estado de penosa limitación. Así pues, cuando matamos, no sólo privamos a otro de lo que le es más preciado, sino que también nos dañamos a nosotros mismos. El amor, identificación emocional de los demás con nuestro yo, difumina las fronteras entre nosotros y el mundo, proporcionándonos una experiencia más rica y profunda de la vida. Los budistas no sólo se abstienen del asesinato y otros actos de violencia, sino que tampoco abortan ni fomentan el aborto. Por lo general son vegetarianos, les preocupa el medio ambiente y el bienestar de otras especies y no toleran el comercio de armas o cualquier otro producto que perjudique a los seres vivos. 

Dar es lo que nos enriquece
Acepto el principio de adiestramiento de no tomar lo que no me ha sido dado.
Con generosidad purifico mi cuerpo.

Del mismo modo que no queremos morir, tampoco queremos separarnos por la fuerza de nuestras posesiones. Lo que nos pertenece, en gran medida, forma parte de nuestra identidad y privar a alguien por la fuerza de sus propiedades es una forma de violencia. No sólo no debemos arrebatar las posesiones a otra persona, sino que tampoco deberíamos robarles ni el tiempo ni la energía, a menos que la ofrezcan libremente. En lugar de tomar, podemos aprender a dar. Por lo general tendemos a preservar nuestra identidad incorporando a ella aquello que, creemos, le proporcionará seguridad y bienestar. Tal orientación, que nos mantiene unidos al samsara y es la fuente de todo sufrimiento, puede cambiarse de forma gradual a través de la práctica consciente de la generosidad. Dar es la contrapartida natural de la no violencia y si se entiende el camino budista como un adiestramiento hacia la paz, también lo es hacia la generosidad. Al cultivar la generosidad se deshacen los vínculos con el egocentrismo.

La difícil cuestión de la conducta sexual
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de malas conductas sexuales.
Con tranquilidad, sencillez y contento purifico mi cuerpo.

Las escrituras budistas apenas abordan el tema del sexo. Los monjes y monjas hacen voto de castidad y los códigos monásticos especifican, con todo detalle, qué actos excluye el voto, pero no se prescribe nada para aquellos que no viven en monasterios. Suele interpretarse este precepto como una reprobación de la violación, el adulterio y el secuestro, pero de hecho es mucho más que eso.

El sexo es importante para todo el mundo. El instinto sexual es muy fuerte y conduce a toda clase de comportamientos extraños. La cultura budista se caracteriza porque nunca ha intentado controlar la sexualidad mediante el sentimiento de culpa, como se observará al visitar algunos países de Asia. El budismo no discrimina a la gente por sus preferencias sexuales. Se puede ser heterosexual, homosexual, onanista, travestido o célibe. El budismo tampoco ha glorificado la familia nuclear. El matrimonio no es un sacramento budista sino, simplemente, un contrato social. Si se consideran las diferentes culturas budistas del mundo se observará que se aceptan socialmente la monogamia, la poligamia y la poliandria, las cuales se entienden como diferentes maneras de organizar la vida.

Lo importante es que el comportamiento sexual de uno no lastime a los demás ni se le conceda un valor desproporcionado al sexo. Vivimos en una cultura que da una importancia desmesurada al sexo, mismo que se convierte en el núcleo vital de muchas personas. Cuando un individuo busca refugio en las Tres Joyas, el sexo se desplaza del centro a la periferia de la vida y el apego a él disminuye. La tensión de la polarización y el deseo sexual aumentan la dualidad sujeto/objeto. En un estado de excitación sexual, la persona objeto del deseo es sólo eso, un objeto. Para muchas personas la conciencia nunca experimenta un estado de división ansiosa tal como cuando están excitadas sexualmente, sobre todo si el deseo queda frustrado. El estado contrario, el de complacencia, es decir, sentirse a gusto con uno mismo y con el mundo, no aparece mediante la satisfacción del deseo, sino debido a su eliminación.

El valor de la palabra
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de la mentira.
Con una comunicación veraz purifico mi habla.

La cultura humana se basa, en gran medida, en la comunicación y para que ésta tenga sentido ha de ser veraz. Si no podemos confiar en la certeza de lo que se nos comunica, la sociedad se desintegra con rapidez. Por lo tanto, mentir significa cometer un acto de violencia contra la sociedad. Además, cuando mentimos nos perjudicamos. La mayoría de las veces lo hacemos para proteger nuestra identidad, con lo que incurrimos en la autoprotección, perpetuando así un proceso mediante el cual giramos en un círculo reducido de preocupación egoísta.

La mentira constituye, asimismo, un acto de violencia contra otros individuos. Al mantener la verdad alejada de ellos les condenamos a una neblina de irrealidad. Buscar refugio en el Buda significa buscar refugio en aquel que descubrió la verdad de las cosas y la encarna. La sangha se compone de hombres y mujeres que han asumido esta verdad. La mentira se opone por completo a las intenciones budistas en su conjunto.

No intoxicar la mente ni el cuerpo
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de ingerir intoxicantes. Con una conciencia clara y lúcida purifico mi mente.

La claridad mental, una de las cualidades más preciadas en el budismo, constituye el medio a través del cual penetramos finalmente en la niebla del engaño, origen del sufrimiento universal. Mediante la claridad mental nos liberamos de los lazos de la ignorancia y nos convertimos en seres capaces de ayudar a los demás a hacer lo mismo. La práctica de la meditación budista se propone el desarrollo de la claridad mental y emocional. A medida que la neblina opresiva de la confusión se desvanece nacen sentimientos de alegría y liberación. Cuando el individuo se compromete con el desarrollo y mantenimiento de estados mentales claros se siente, de forma progresiva y natural, menos inclinado a sacrificar la claridad obtenida por una copa de alcohol. Al mismo tiempo, conforme la sensibilidad aumenta como resultado de la práctica de la meditación, el individuo adquiere cada vez mayor conciencia de los efectos secundarios tóxicos del alcohol.

Una auténtica lista de productos perjudiciales incluiría, no sólo al alcohol y las drogas, sino también todas aquellas actividades que entorpecen, confunden o perturban la mente. Asistir a un multitudinario partido de futbol o ir a la discoteca puede ser perjudicial. Demasiada televisión entumece la mente. Incluso comprar puede resultar un hábito pernicioso. El consumo habitual de drogas conduce a la dependencia. Si uno toma un vaso de whisky cada noche para relajarse, a la larga no conseguirá relajarse sin beberlo. La práctica del budismo ayuda a relajarse y disfrutar de cada estado mental sin necesidad de recurrir a las drogas. Cuando se ha experimentado el éxtasis de la absorción meditativa, el placer de las drogas es como una vulgar pintura barata colgada a la entrada de una importante galería de arte. ¿Por qué distraerse con ella cuando dentro nos esperan tantos tesoros? 

jueves, 26 de noviembre de 2015

Qué piensa el budismo de...
Del vegetarianismo.
Hay varios tipos de vegetarianismos: existe el vegetarianismo ritual como el que practican en el Hinduismo y se basa en la idea de que algunos animales son encarnaciones de dioses y por eso hay que respetar la vida de, por ejemplo, las vacas.  Existe también la práctica de vegetarianismo en el Jainismo en el cual se piensa que interferir con la vida de cualquier ser vivo de ninguna forma para no crear mal karma (incluso organismos como las bacterias en el agua, que es por eso que no la hierven en el Jainismo ortodoxo) o existe el vegetarianismo por salud que implica no comer carne por mantener saludable al cuerpo.
Los budistas, por el otro lado, cuando son vegetarianos lo hacen por congruencia al primer precepto ético que enseño el Buda: “no dañar la vida de otros seres” o dicho de forma positiva “con acciones de amor y bondad existo”.
 La industria de la carne es posiblemente una de las industrias que generan más sufrimiento en el mundo. Cientos de millones de animales son sacrificados cada semana para el consumo humano. Esta producción depende de la demanda que individuos hagan; si menos personas comieran carne menos demanda existiría y, menos animales se sacrificarían.
El Buda no era vegetariano, sin embargo no comía carne que hubiera sido sacrificada para su consumo de forma directa o indirecta.
¿Qué haría el Buda en esta época moderna si viera la forma despersonalizada con la que se produce la carne? Que ya no depende de una demanda directa sino que, dispuesta a satisfacer los hábitos carnívoros de poblaciones enteras, simplemente sacrifica animales de forma industrial.
¿Realmente el buda sabiendo el efecto de sus acciones podría ir a, digamos Wall Mart y poner en su carrito de compras chuletas de cerdo, pollo congelado, o alguna sopa de mariscos? 
Por el otro lado podríamos imaginar a algún discípulo histórico del Buda inconsciente de la manera en que repercute ordenar, digamos, una hamburguesa en la cadena de restaurantes McDonald’s en la producción masiva de sus productos y del sufrimiento a los animales (Sin hablar del efecto en el medio ambiente y las jornadas de trabajo que impone a sus empleados).
Los budistas contemporáneos tenemos que hacer nuestras propias decisiones y preguntarnos cuál es la forma más congruente de aplicar el principio de la no violencia y el precepto de no dañar seres vivos. El vegetarianismo es una cuestión viva para cualquiera que trata de practicar la meditación y el budismo y la excusa de que el Dalai Lama no es vegetariano ya no es suficiente porque el ya es vegetariano.
Qué piensa el budismo de...
La religión
El significado de la palabra religión ha variado en los últimos años. Antes, en los diccionarios se definía como un culto a un Dios o dioses, que le daban los propios seguidores a sus deidades. Otras veces siguiendo más la etimología de la palabra se definía como la práctica que siguen personas para ligarse o religarse a la Deidad o creador.
Definida la religión de esta forma el budismo no es una religión. Esto es porque el Budismo no siendo Teísta (es decir que no tiene una noción de un Dios creador o personal) no se podría definir como tal.
Pero si no es religión, ¿qué es?
¿Será una filosofía de vida o una forma de código ético?
La mejor forma de definir al budismo es como un camino, de esta forma lo describía el Buda budadharma que significa camino a la iluminación.
En este sentido se podría decir que el Budismo es una práctica integral de vida que lleva, a través de una práctica sistemática a un estado de comprensión sensibilidad y libertad.
Creo que cuando hablamos de que si el budismo es una religión lo primero que hay que hacer es ampliar nuestra idea de lo que incluye religión y aclarar que una convicción espiritual no involucra fe ciega, ni dogma ni tampoco una noción de un dios creador.
¿Cómo podríamos definir todo esto en una palabra?

jueves, 30 de julio de 2015

BUDISMO ATENCIÓN 
Y DINERO

la ética del cristianismo protestante y en la filosofía de grupos de la Nueva Era o esotéricos modernos.

El dinero es el gran invento de la humanidad. 
¿Te sorprende encontrar un enunciado tan burdamente material en un sitio que habla sobre espiritualidad? No habría por qué. El dinero es un invento casi mágico. Busca en tu cartera o tu bolsa y ve si traes algunos papeles. Uno de esos pedazos de papel, quizá una vieja lista de lo que hay que comprar, ahora te servirá, si acaso, para tratar de animar el fuego de un asador que no quiere encender. Pero otro papel, aunque igual de arrugado, te da para comprar otro asador igual. 





Pedazos de papel, signos impresos en hojas, conchas, sal e ilusiones compartidas
En la actualidad utilizamos como dinero pedazos de papel o, incluso algo todavía más misterioso, pequeños estallidos electónicos que de algún modo aparecen como números en una cuenta bancaria. Antes, en Norteamérica, la gente utilizaba conchas. En la India usaban conchas de cauri. Los soldados romanos usaban sal. Los prisioneros le dan a los cigarros un valor monetario. ¿Qué tienen en común todas esas especies de moneda? Que las puedes traer contigo o dárselas a alguien. No son prontamente perecederas y una pieza de ellas se parece mucho a otra de la misma clase. Sin embargo, el factor común más importante es que las sociedades decidieron creer que esas cosas tenían un valor (aunque por sí mismas tuvieran muy poco o ninguno). Es un extraordinario y beneficioso acto de la imaginación; una ilusión compartida que apuntala al mundo civilizado.

Del trueque al dinero
¿Cómo sería la vida si tú y tu familia tuvieran que producir todo lo que requieren? Cultivar sus alimentos, construir su casa, cortar la leña, confeccionar sus vestidos y girar la rueca; escribir sus propios libros para leer y, antes, hacer el papel. Puede sonar romántico y puro, incluso espiritual, pero no se sentiría así por mucho tiempo. Pasarías cada momento del día trabajando, sudando y padeciendo, todo para irla llevando. Fue así como aprendimos, hace varios milenios, que nos necesitábamos mutuamente, aunque sólo fuera para obtener un rato de ocio y hacer algo más que sobrevivir. Empezamos a dividirnos las tareas y a practicar el trueque. Si a mí me sobraba pan y tú tenías combustible de más podíamos hacer un intercambio, aunque sólo si nos hallábamos en el mismo sitio y en el mismo momento. Quizá alguien se preguntó: "No sería maravilloso cambiar estas cosas sin tener que buscar a quién le sirven justamente aquí y ahora" y como toda una cultura anhelaba lo mismo coincidieron en imaginar que algo que no tuviera un valor intrínseco, por ejemplo, una concha de cauri (o un billete de un dólar) podría representar al combustible, al pan o al software de la computadora que unos tenían y otros necesitaban.

Un triunfo de la mente sobre la materia
Eso es el dinero, un triunfo de la mente sobre el mundo material. Sin embargo, como muchos instrumentos poderosos, el dinero es una espada de doble filo, que nos puede aportar las maravillas más complejas pero también mucho sufrimiento. Debemos entenderlo con claridad; independientemente de que se use bien o mal, el dinero puede ser la base de todo lo que nos libera de tener que luchar por sobrevivir. Sin dinero no hay civilización y ¿si no hay civilización donde habría espiritualidad?

Relativamente bien
Hoy, gracias al dinero y a lo que éste hace posible, la mayoría de nosotros lleva una vida de "lujos" que está más allá de lo que soñaban los príncipes medievales. Quizá no vivamos en castillos, pero nuestros hogares tienen muchas más comodidades. Ahora podemos volar a países distantes, llegar en automóvil en sólo unas cuantas horas a lugares que se encuentran a kilómetros de distancia y llamar a amigos que viven en sitios lejanos nada más para platicar. El entretenimiento está a sólo un chasquido de dedos y no parece tener límites. Si sientes que eres pobre piensa en todo lo que tienes y que otras generaciones ni siquiera imaginaron.

Nuestra forma de relacionarnos con el dinero. Puede dar ocasión a Dukkha
La manera en que una persona se relaciona con el dinero, el modo en que lo gana y lo gasta, requiere de más tiempo y energía que cualquier otra actividad. Es la relación más considerable que tenemos. Es posible que te sientas un poco inquieto debido a tus hábitos consumistas o que recuerdes las cosas buenas que ya no disfrutas porque la necesidad de ganar dinero no te deja tiempo suficiente. Puede suceder que la forma en que obtienes el dinero te tenga insatisfecho y que la idea de un futuro en la pobreza te duela y te paralice. Eso es sufrimiento. Es un tipo de sorda inquietud que hace que a muchas personas les resulte difícil elevarse hasta su verdadero potencial.

Lo que enseña el budismo acerca del dinero

La primera enseñanza del Buda se refería al sufrimiento o dukkha. El budismo nos muestra diversas formas de existir que nos ayudan a cortar las raíces del dolor y el miedo, para que podamos vivir de verdad. Los primeros monjes que siguieron al Buda eran personas que no tenían hogar. Vestían ropajes hechos de remiendos y vivían de las sobras de comida que pudieran proporcionarles los vecinos de la localidad. Los monjes no tenían permitido tocar dinero. Tenemos aquí una solución budista radical para el dolor y el miedo que se derivan de gastar y ganar dinero: simplemente no lo hagas.

Para aquellos hombres y mujeres tan curtidos el modo de vida ideal era y sigue siendo subsistir contentos "con los mantos suficientes para proteger al cuerpo y con la comida que les dieran como limosna para sus necesidades corporales, tomando sólo eso, como el ave que vuela sin cargar más que sus alas" (Anguttara Nikaya II, 209). Sin embargo, no es ésta la única solución budista. El Buda tenía muchos discípulos que no llevaban un estilo de vida monástico. Entre sus seguidores había reyes. Estaba también Anathapindika, un banquero. Los laicos sustentaban a los monjes, pero eso no significaba que eso fuera lo único que podían hacer. Las enseñanzas del Buda tenían el propósito de transformar la vida de cualquiera, sin importar cuál fuera su estilo de vida. De hecho, el Buda nunca condenó la riqueza. Él contemplaba con ecuanimidad lo que el mundo le presentaba y juzgaba con total objetividad lo que había detrás de todo ello.

Las riquezas de un avaro

Desde un punto de vista budista, la grave miseria en que se ha desenvuelto la vida en las viejas economías socialistas de Rusia y Europa Oriental o los horripilantes experimentos como el de Pol Pot, que trató de abolir el dinero en Camboya, surgen a partir de una tremenda falta de inteligencia objetiva. Deshazte del dinero y desmantelarás toda la compleja cadena de la interdependencia humana. Para el Buda lo importante era cómo obtenías el dinero y lo que hacías con él. ¿Empleas su energía para ser feliz o para que el mundo sea un lugar mejor? "Un avaro no usa el dinero para su propio placer ni el de sus padres, su esposa o sus hijos, tampoco para el de sus esclavos, sus artesanos ni sus sirvientes, ni de sus amigos y colegas", dijo el Buda. "Su riqueza, al no ser correctamente empleada, es confiscada por los reyes, hurtada por los ladrones, quemada o arrebatada por la inundación. O va a parar a unos herederos por los que no siente ningún afecto. Sus riquezas, al no ser bien utilizadas, se desperdician y no proporcionan gozo". Luego añade: "Es como un lago de agua clara, cristalina, fresca y deliciosa, bello, rodeado de buenas tierras pero oculto en una región salvaje. Nadie bebe de él ni se baña ahí. Nadie lo aprovecha. Así son las riquezas de un avaro".

La riqueza del generoso
Pero si una persona generosa adquiere riqueza, el Buda dijo que "es como el lago que antes mencioné, pero ahora se halla cerca de una aldea, donde la gente puede tomar su agua para beberla, se puede bañar en él y usarlo con muchos fines. Sus riquezas proporcionan gozo y no se desperdician" (Samyutta Nikaya i, 88). El Buda dijo que la fortuna bien empleada debía de otorgar placer, principalmente a su dueño y a la familia de éste. Enseguida vendrían los amigos y otras personas cercanas. Además, el tener riquezas significa que uno se puede recuperar cuando las cosas no van bien.

La enseñanza del Buda aplicada al Occidente
Antes, en Oriente, uno era un miembro productivo o reproductivo de la sociedad o, bien, se ordenaba como monje. No había muchas opciones entre esas dos. Sin embargo, ese espacio intermedio se ha ampliado mucho. Los budistas occidentales experimentan hoy nuevas formas de trabajar y de consumir.

Dinero, ego y sufrimiento
¿Has sentido alguna vez que si tan sólo consiguieras determinada cosa tu vida estaría completa? Pues esa sensación de que en nuestra existencia falta algo muy grande pero indefinible es parte esencial de la experiencia humana básica. Hacemos todo lo que podemos para llenar ese vacío. Abusamos del alcohol y de otras drogas. Muchos hemos anhelado que una persona amada o una vocación llene ese hueco y nos dé satisfacción. A veces evadimos esa sensación de estar incompletos al mantenernos ocupados. En este aspecto, el budismo tiene algo que decir: El dinero no hará que tu vida sea completa. Lo cierto es que nada hará que tu vida sea completa. Ninguna posesión, ningún trabajo. Tampoco la familia, la vocación, la persona amada, las drogas, la religión. Nada , ni siquiera el budismo. Así es la vida. El sufrimiento ocurre porque insistimos en nadar contra la corriente. ¿Por qué lo hacemos? Ante todo, dijo el Buda, "porque anhelamos ser". "Ésta es la noble verdad del origen del sufrimiento. Anhelamos la satisfacción de nuestros deseos obsesivos, anhelamos ser, anhelamos no ser" (Vinaya Mahavagga Khandaka i.).

Tres dimensiones en que nos confunde la importancia personal
Muchas escuelas budistas enseñan que debemos combatir la engañosa ilusión de la importancia del ego si queremos vivir mejor. Hay tres dimensiones que considerar en ese sentido.

Soy como soy
La primera es la suposición de que tenemos una personalidad permanente. Todos cambiamos a cada rato. Lo que considero "yo" es un patrón temporal y esto no es muy halagüeño ni atractivo. De modo que aun cuando podamos apreciar que las cosas no son permanentes nos da por comportarnos como si lo fueran. Nos esforzamos por impedir que haya cambios. Usamos el dinero para acumular posesiones y rodearnos de una sensación de permanencia y seguridad.

No somos tan independientes ni tan sólidos
La segunda dimensión que nos confunde es la creencia de que somos seres independientes. Queremos actuar a nuestra manera para, así, aliviar el sentido de carencia y no nos preocupamos por lo que le ocurra a los demás. No obstante, la realidad es que nuestras vidas están entretejidas.

Tratamos de solucionar el problema esencial con dinero
En tercer lugar, las escuelas budistas señalan que es necesario desvanecer nuestra idea de que somos sustanciales. Cada vez que conocemos a alguien nuevo vemos que desean saber quiénes somos. Por lo regular tenemos ya una historia bien construida para presentarnos. El dinero aflorará y modelará gran parte de nuestra identidad, ya que pasamos mucho tiempo ganándolo y gastándolo. Se ve en la ropa que traemos, el lugar donde vivimos, el auto que manejamos. Lo cierto es que no hay límites para lo que somos, todo un flujo interminable de procesos cambiantes que no se pueden limitar a una identidad en particular. Sin embargo, intentamos compensar nuestro sentido de que estamos incompletos manteniendo la fantasía de que podemos ser, con una personalidad permanente, independiente y sustancial. Utilizamos nuestra energía (y eso incluye al dinero) para llevarlo a cabo.

Una feliz alternativa en el ejemplo de un bodhisatva
La buena noticia es que podemos aprender a vivir de un modo que nos ayude a estar menos ofuscados y a ser menos reactivos. Podemos, en cambio, cultivar un estilo más sabio y creativo, rumbo a la abundancia. Las escrituras del mahayana contemplan el ideal del bodhisatva, que es un practicante espiritual muy avanzado que se entrega por completo al beneficio de los demás. En esas escrituras destaca la leyenda de Vimalakirti, un bodhisatva extremadamente rico. Él iba a los torneos deportivos y a los casinos pero su finalidad era contribuir al desarrollo de aquellos que manifestaban un descuidado apego al juego. Participaba en toda clase de negocios pero no le preocupaba tener ganancias ni adquirir posesiones. Los empresarios lo respetaban porque estaba consagrado a difundir la verdad y los terratenientes lo admiraban porque renunciaba a cometer cualquier agresión vinculada a la propiedad (vea Robert Thurman, The Holy Teaching of Vimalakirti [University Park y Londres: Pennsylvania State University Press, 1983).

Que el dinero fluya con sabiduría

Puede ser que la historia de Vimalakirti nos parezca fuera de nuestros alcances, con el trabajo que nos cuesta estar aquí y ahora sin reaccionar. Por fortuna, dentro de cada uno existe la chispa que enciende la conciencia creativa. Si desarrollamos tales cualidades comenzaremos a cambiar nuestra actitud hacia el dinero, de manera que se vuelva un medio que procure un rumbo positivo para nosotros y quienes nos rodean, en lugar de ser una fuente de sufrimientos. Aprenderemos a utilizarlo y a no dejar que él nos utilice. Las diversas prácticas que tomamos de la tradición budista nos permiten disfrutar mejor de la manera en que lo gastamos, mientras lo hacemos con más sabiduría. Tendremos más claro cuáles son nuestros propósitos al trabajar para conseguirlo y al dejarlo fluir.






Este articulo de atención consciente y el dinero es una reflexión que intenta guiar al buen uso del dinero y su relación a la búsqueda espiritual budista de las personas en sociedades relativamente afluentes.
No es una exhortación ni justificación a la búsqueda de dinero y bienes materiales como medios, o fines espiritual, que es tan común dentro de



LAS ESCRITURAS BUDISTAS

El Tripitaka
Los budistas tienen lo que se conoce como Tripitaka. Tri quiere decir tres; pitaka significa cesta, conjunto o colección. El Tripitaka significa por lo tanto, “las tres cestas” o las "tres colecciones" de textos sagrados budistas.

El nombre cesta se refiere a la forma en que fueron pasadas las enseñanzas del Buda a sus discípulos y de sus discípulos a otros. Esta transmisión fue primeramente oral y luego literaria. Las "tres cestas" de textos budistas son las siguientes: 
El Vinaya Pitaka o "colección de disciplina monástica".
En su forma actual consiste principalmente en reglas que gobiernan la orden monástica.


El Sutra Pitaka o "colección de discursos, diálogos del Buda".
En general consiste de diálogos del Buda con temas de práctica, temas morales, temas filosóficos y anécdotas con moralejas espirituales. Ésta es la colección más importante.

El Abhidharma Pitaka o "colección de la doctrina más elevada".
Se trata de una disposición sistemática y un análisis escolástico del material encontrado en el Sutra Pitaka.

Las tres ediciones principales del Tripitaka en el mundo del budismo
En la actualidad existen en el mundo del budismo tres ediciones principales del Tripitaka:

En primer lugar está el San Tang chino de los "Tres Tesoros": que es la forma en que se refiere al Tripitaka. Que consiste en cincuenta y cinco volúmenes.

En segundo lugar está el Kanjur tibetano: que consiste en cien o ciento ocho tomos.
Estas dos ediciones están principalmente compuestas por traducciones del Tripitaka sánscrito, habiéndose perdido muchos de los textos originales en las lenguas que fueron escritos.

En tercer lugar está el Tripitaka en el idioma Pali: que consiste en cuarenta y cinco tomos en la edición Real tailandesa; ésta es la única versión completa del canon que ha sobrevivido en la lengua en que originalmente se compiló.

Diferencias entre las diferentes ediciones del Tripitaka
Las tres ediciones del Tripitaka tienen gran cantidad de material en común. La mayor diferencia estriba en que, mientras las ediciones china y tibetana incluyen a los Sutras Mahayana (que son los diálogos del Buda del budismo tardío filosófico-devocional), la edición en Pali los omite.

La importancia del estudio de las escrituras
Donde quiera que se centre nuestro interés, ya sea en el budismo en general o bien en una u otra de sus formas especiales, seria muy difícil poder pasar por alto a las escrituras canónicas si deseamos conocer a fondo el budismo. En ellas aparecen descritas las experiencias Trascendentales del Buda y sus discípulos Iluminados. Sin una comprensión intelectual preliminar de estas descripciones no se contaría con los medios para conocer lo que el sendero Budista tiene como objetivo, incluyendo el objetivo del budismo Zen, y por consiguiente desconoceríamos cuales son los métodos para su consecución. Lo único que evitaría el estudio de las escrituras es el contacto personal y regular con un maestro Iluminado, el cual sería la encarnación misma de las escrituras. Un maestro así es difícil de encontrar incluso en Oriente. En la ausencia de un contacto personal de esta clase, las escrituras son indispensables.